«A mis 90 años ahora creo en el cambio climático»

Notícia publicada a l’edició digital del diari La Razón del 19 de novembre, per Belén Tobalina.

Buscamos el pueblo que más severamente está sufriendo la sequía y desde la Agencia Estatal de Meteorología Rubén del Campo nos indica que no pueden dar una localidad exacta. Lógicamente no hay estaciones meteorológicas en cada rincón. Pero el sur de la provincia de Palencia es la que más ha sufrido la escasez de lluvia durante el pasado año hidrológico en comparación con lo que suele llover. Los embalses de la provincia dan buena prueba de ello: están al 9,43%, dos hectómetros cúbicos menos que la semana pasada y muy alejados del 35,86% del año pasado. Aunque en Albacete los embalses están aún más bajos, 7,57%, desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) nos indican que en Tierra de Campos (Palencia) la situación es insostenible. Nos atiende David Tejerina, ganadero y agricultor de Villatoquite. «Mira la tierra. Está seca. A estas alturas del año tenían que asomarse los primeros brotes». En el horizonte el verdor está ausente. Es una postal de tierra seca, «y aquí no tenemos embalses». «En este mes han caído sólo 25 litros y llevamos ya un año de sequía. Este año ha sido catastrófico. Ha habido que cortar el agua de riego para el regadío. Meteorológicamente hablando rozamos la pluviometría de zona desértica, como nos dijo Aemet, y yo diría que incluso en algún desierto ha llovido más que aquí».

El desánimo y la desesperación de los agricultores es total. Aun así se están sembrando cultivos de secano. «Desde COAG se ha recomendado no optar por cosechar en esta zona cultivos de regadío. No va a haber agua». «La cosecha de este último año agrario fue catastrófica, rendimiento cero, 100% de siniestro en toda la zona de Campos, no se metió ni la cosechadora». David teme otro año malo, «no digo como éste, que para mí es el peor que he vivido, sino con que venga malo, no sé cómo lo vamos a hacer». «En esta zona de campos suele llover 300-400 litros, y este año no hemos llegado ni a los 100». Un mal que no sólo sufren los agricultores. David tiene ovejas. «Los ganaderos también padecemos la sequía y muy pocos tienen el seguro frente a sequías y más en esta zona. Este año no ha habido nada de pasto. Hemos tenido que traer de otras zonas el forraje, que se eleva en 3 o 4 pesetas (siguen aferrándose a ‘‘la rubia’’), en torno a un 10%».

«Es un sinvivir. Tierra de Campos es la zona cero de la sequía. Me gasté más de 3.000 euros en semilla para sembrar y no he cogido nada y además he tenido que comprar para alimentar al ganado porque las ovejas tienen la mala costumbre de comer todos los días, no es como un coche que lo puedes dejar aparcado».

Dejamos a David en sus quehaceres diarios. En la Diputación de Palencia, Urbano Alonso, de Acción Territorial, nos explica la situación que atraviesa la provincia: «Estamos llevando agua a 14 municipios. Muchos tienen garantizado el agua de abastecimiento humano, pero es por las ganaderías. Casi el 90% se abastecen indirectamente de los manantiales, pero se han agotado».

Desde la diputación nos explican que desde que recogen datos, más de 25 años, nunca habían tenido que llevar agua a poblaciones por motivo de sequía en el mes de noviembre. Pues bien, entre octubre y noviembre llevan ya 1.770.000 litros de agua enviados en camiones cisterna. Y a esos hay que sumar los 4.478.500 litros que llevamos desde enero hasta septiembre. El 60% es por averías». ¿Desde cuándo no llueve? «Ya no nos acordamos ni de lo que es el agua. Desde mayo habrá caído como máximo un chaparrón. Mi padre tiene 82 años y tampoco recuerda algo así. El río de nuestro pueblo San Millán lleva seco desde julio y no se ha visto jamás así».

De los 14 pueblos más afectados, destaca Perazancas. Allí han llevado ya 432.000 litros de agua en camiones cisterna, 16 en octubre y ocho en noviembre. Nada más llegar, vemos una fuente de la que brota el agua. «Antes venía un hilín, ahora se llena el pilón», relata Pepi, la panadera. «La gente mayor dice que nunca habían visto secarse esta fuente». Sale a su encuentro Martina: «Mi marido tiene 84 años y no recuerda algo como esto. Al parecer don Cirilo –otrora el cura–, que tiene 90 ó 91 años, dice que una vez vio secarse la fuente, pero nadie más lo recuerda»

Una vecina sale con ropa para lavar en el lavadero. Es Felisa Cubillo y tiene 82 años: «Hemos estado hasta el sábado con camiones cisterna. No salía ni una gota… Y los ganaderos lo están pasando mal, no tienen agua para las vacas».

La alcaldesa de la mancomunidad nos indica que el único pueblo que sigue con cortes de agua es Santibáñez de Resoba, al norte de la provincia. «Nunca hemos sufrido una sequía como ésta», aseguran todos los vecinos. «¡Pregunten a Ramón, pero aquí nunca nos faltó agua!».

18 vecinos a repartir

En la búsqueda del que es considerado uno de los moradores más añejos del pueblo, nos atiende Ana, que lleva el único bar : la Asociación Cultural Peña Escrita, que hace de sitio de encuentro para los 18 vecinos de Santibañez de Resoba. «Nunca había visto esto. Llevamos con cortes de agua todas las noches, mínimo desde septiembre. Nos la traen de Cervera en camiones cisternas de 16.000 o 17.000 litros. Aquí nunca nos faltó agua. Alguna vez en verano, como se llena el pueblo, se ha cortado el agua por la noche, pero una, no todas como estamos ahora. Tengo un jardín y desde julio no he regado ni lavado el coche. Te meten en la cárcel si se te ocurre», se ríe. «Yo llevo 20 años aquí y nunca había visto esto, y los vecinos de 90 años aseguran que ellos tampoco. Y no sólo nos cortan el agua por la noche hay días que también la cortan por la tarde. Por eso procuro no gastar agua a partir de la tarde porque si no a mis vecinos de arriba no les llega. Lo malo va a ser si bajan las temperaturas y los ganaderos no pueden dejar a las vacas sueltas…».

Puerta a puerta vamos hablando con los vecinos. «Tengo cacharros en casa para poder tener agua por si la necesitamos, llenamos un cubo o dos por si por la noche vamos al servicio porque aquí a las 20 o 21 te cortan el agua y hasta las 8:30 o 9 no vuelve», nos cuenta Miguel Ángel en plena faena con el arbolado.

Subiendo hasta el final del pueblo, nos atiende Ignacio. Tiene 68 años y la misma preocupación que todos los demás: la acuciante falta de agua. «Cuando a las 8 puedes por fin abrir el grifo, sale mal, turbia, arrastrando cosas, así que tenemos que ir a la fuente. Yo me hago con un par de garrafas para el baño y otra para los animales». Ignacio es precavido. «Es que muchos días nos cortan el agua a mediodía y al estar más arriba soy al primero al que dejan sin ella». Así que cada vez que lo necesita va a la fuente que está a mitad del pueblo. «Son 10 minutos, voy bien», nos dice. «La pierna no me duele. Llevo cojo desde los seis meses por la polio».

No sólo es la sequía, es la temperatura. A pesar de estar al norte del país, el jueves 16 de noviembre harían unos 18ºC. «Estas temperaturas no son normales, pero si parece verano». En esta época del año y por la hora que es, lo normal es que hubiera 5 o 6ºC y por la mañana bajo cero y mira como estamos. A estas alturas del año ya habrían caído cuatro o cinco nevadas».

«Cuántas cosas les puede contar Ramón, qué pena que no le hayan visto». En ese momento sale a nuestro encuentro don Ramón, parece que le ha llegado el clamor de sus vecinos.

«Nunca vi una sequía así», nos dice nada más vernos. «Soy Ramón Redondo Moreno. Tengo 90 años, y nunca, pero nunca, he visto esto». Se conserva muy bien. «Sí», dice riéndose.

«Qué fuerte ha sido y es. Nos están cortando el agua todos los días. Se puede decir que lleva todo el año sin llover». ¿Todo el año? «Todo el año, porque empezó en enero, ni nevó ni nada, porque no se taparon las calles, ni llovió; ha venido abril, mayo… y nada, es terrible. Ha habido años que hemos tenido sequía, pero como la de este no. Pero si hablamos más del tiempo que de Cataluña…». Algo que también nos dijo el ganadero.

«¿Sabes de qué me acuerdo cuando miro al cielo?», nos pregunta. «Pienso que estuve un año en Cubillo de Ojeda y vino una sequía fuerte en mayo que secaba el trigo. Recuerdo a las mozas del pueblo que cantaban: salió mi padre al campo y vino entristecido al ver que se secaban las avenas y los trigos. Virgen del Rebollo danos agua».

Tras contarnos como conoció a su mujer, «la primera y la única», y todos los kilómetros que se hacía en bici para ir a verla, le preguntamos si cree ahora en el cambio climático: «Hay que creer». Misma opinión tiene Ignacio: «Voy a empezar a creer en el cambio climático, aunque no lo crea, porque viendo estas cosas…». Les dejamos sentados en el banco con la garrafa a cuestas hablando de sus cosas. Parecen dos chiquillos.

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