El hombre que vio anticiparse las primaveras

Notícia publicada a l’edició digital del diari La Vanguardia del 12 de maig, per Antonio Cerrillo.

Josep Borrell Bargalló lleva toda su vida tomando el pulso al planeta. Este agricultor aficionado a la meteorología ha estando observando los acontecimientos meteorológicos y sus efectos en la naturaleza como un testigo fiel y perseverante desde 1971. Sus cuadernos, en donde queda constancia de todo ello, se han convertido en una de las pruebas más claras del adelanto de la primavera, según la interpretación del Servei Meteoròlogic de Catalunya (SMC).

Desde hace 46 años, cada día, ha ido anotando las temperaturas y recogiendo sistemáticamente las manifestaciones periódicas o estacionales de las plantas. Sus libretas demuestran, en términos generales, un adelantamiento de la floración de los árboles frutales, de la maduración de los frutos y de las cosechas así como un retraso en la caída de las hojas. Todo esto encaja con otros estudios que confirman un adelanto de la primavera y un retraso del otoño, según la valoración que hace el Servei Meteorològic de Catalunya.

Los datos

Sus anotaciones demuestran una floración más temprana de los árboles frutales, un retraso de la caída de las hojas, una maduración más temprana de los frutos y una avance en la llegada de algunas aves: 20 días en el caso de las golondrinas

Como observador meteorológico aficionado en la Serra d’Almos (Tivissa, Ribera d’Ebre),

Josep Borrell Bargalló (76 años) ha ido efectuando un trabajo minucioso, con anotaciones y registros del comportamiento de 23 plantas y cinco aves. En total, son 45 años en los que, día a día, ha escrito un acta del tiempo y sus efectos, y en la que dibuja un asombroso cuadro panorámico de la evaluación del clima y sus impactos, según la interpretación que han hecho los expertos. Su trabajo confirma también desde el microcosmos de la Serra d’Almos (un pueblo de 250 habitantes) un incremento de temperatura media en torno a 1,7 grados desde 1971, sincronizada con una catarata de datos que hablan de un adelanto de los fenómenos naturales relacionados con la primavera.

A partir de sus registros y anotaciones, el SMC ha podido extraer conclusiones para redefinir la evolución de los fenómenos que relacionan el tiempo con sus efectos en la naturaleza (fenología), con una serie completa que abarca entre 44 y 46 años (parte desde 1971 o 1972)

El adelantado de la primavera se ha manifestado en las diferentes fases del desarrollo vegetal. Así, por ejemplo, la maduración del manzano se ha adelantado 22 días, la floración del olivo se ha anticipado 16 días y la maduración del cerezo llega 8 días antes que hace 45 años. Por su parte, el ciruelo echa la flor 7 días antes.

Capítulo aparte merece la floración del almendro, cuyas hojas blancas definen los colores de los campos de Tarragona y simbolizan la esperanza de un buen tiempo. Las variedades más comunes (llargueta o marcona) sólo se han anticipado 3 días respecto a 1972, aunque en el caso de la variedad del almendro ferragnes llega a 10 días.

Ejemplos

La maduración del manzano se ha adelantado 22 días y la del cerezo 8 días, mientras que la floración del olivo se ha anticipado 16 días la del ciruelo 7 días antes.

 

Otros acontecimientos fenológicos destacados se refieren a un retraso generalizado en la caída de las hojas: de 27 días en el caso del almendro, 15 en el avellano, 16 en el ciruelo o 22 en la higuera.

La viña, por su parte, también vive su transformación: la floración se ha avanzado 8 días y, aunque los témpanos salen un día más tarde, igualmente se ha visto que tardan más en secarse y en caer (unos 20 días más desde que comenzaron las observaciones sistemáticas en 1971).

“Los análisis estadísticos de los datos de Josep Borrell muestran un adelantado de la floración, de la maduración del fruto y de su recolección, así como un retraso en la caída de las hojas, todo lo cual son resultados consistentes con el adelanto de la primavera y el retraso del otoño”, explican las conclusiones del SMC. Los datos establecen también una relación entre una temperatura más alta y la floración, la maduración y las cosechas. Otro dato relevante es un adelanto de la llegada de algunas aves (de unos 20 días en el caso de las golondrinas).

Los trabajos de Borrell son un ejemplo representativo de ciencia ciudadana espontánea y son un hallazgo, casi un tesoro, localizado de manera un tanto casual.

Como aficionado a la meteorología, Borrell ha estado dando su información ininterrumpidamente al Instituto Nacional de Meteorología desde 1967. Muchas veces ha tenido la sensación de que lo que hacía no iba a servir para nada, aunque al final siempre ha podido más su constancia y perseverancia. Su vocación de la naturaleza.

“Estos datos los he estado enviando, como aficionado a la meteorología, al Instituto Nacional de Meteorología desde 1967, pero a veces he pensado que perdía el tiempo y que nadie me hacía caso, aunque me decía que todo iba a una base de datos”, explica en su casa de Serra d’Almos, donde nos obsequia con almendras, queso y pan de higo.

Una tarea titánica

La discreta y perserverante tarea de este aficionado a la meteorología recibe la validación científica del Servei Meteorològic de Catalunya

 

Pero esa impresión pesimista cambió tras acudir el 23 de marzo del 2013 en Cardedeu a la creación de la Red Fenológica de Catalunya (Fenocat), promovida por el SMC, precisamente para organizar y sistematizar este tipo de observaciones. Al finalizar el acto, Josep Borrell se acercó a los técnicos del SMC y les explicó que tenía una serie de datos fenológicos recogidos desde hace años que quizás podrían ser de interés. El hecho de disponer de datos meteorológicos y fenológicos de un mismo punto geográfico le daba un valor especial a su documentación.

Su “capital” era una ingente cantidad de libretas con miles de datos y apuntes que, aunque bien sistematizados, debían ser ordenados e interpretados. Desde sus vetustas y entrañables libretas los datos fueron traspasados al ordenador, nos explica señalando las anotaciones tachadas con rotulador rojo para dar cuenta de los datos pasados a limpio. “Me pusieron una prótesis de cadera y como apenas podía moverme aproveché para digitalizar todos los datos”, dice muy agradecido a la ayuda que le prestó el ingeniero David Saporta.

Experiencia

Josep Borrell Bargalló vive en Serra d’Almos (Ribera d’Ebre) y sigue anotándolo todo a sus 76 años.

 

En mayo del 2015, un equipo de técnicos del SMC se puso en contacto con Borrell y mano a mano fueron haciendo el trabajo. Toda esta información fue recogida en un póster presentado en la sesión dedicada a la fenología del congreso de la European Geosciences Union del año 2016, en Viena. Ahora, se está preparando un artículo para publicarlo en una revista científica.

“Lo que más me ha motivado en la vida ha sido observar y anotar lo que pasaba”, dice Borrell con sencillez para subrayar que lo suyo no es la interpretación de los datos. Un hombre sin formación universitaria, nada erudito, que no quiere ostentar ningún conocimiento, que elogia la vida sencilla, ha brindado a la ciencia el fruto modesto e impactante: los datos fríos, las anotaciones objetivas, el conocimiento depurado, la mejor base para cimentar el conocimiento de la ciencia del cambio climático.

Borrell siente que los observadores de los sucesos fenológicos no son suficientemente valorados. “Al final, todo lo harán las máquinas y suprimirán nuestro trabajo por especialistas que cobrarán un sueldazo, aunque carezcan de la vocación que tenemos nosotros”, dice un poco pesimista. No obstaste, su trabajo ha merecido un claro reconocimiento.

“Sin los datos apuntados por Josep no podríamos saber cómo han evolucionado las fenofases en este lugar ni las correlaciones que existen con los datos meteorológicos. Observadores como él nos permiten conocer cómo cambia nuestro entorno y esto nos ayudan a prever las condiciones futuras para podernos adaptar mejor”, señala Montserrat Busto, miembro del equipo de Canvi Climàtic del SMC.

El futuro

“Al final, todo lo harán las máquinas y suprimirán nuestro trabajo por especialistas que cobrarán un sueldazo, aunque carezcan de la vocación que tenemos nosotros”, dice un poco pesimista. No obstaste, su trabajo ha merecido un claro reconocimiento

 

Este organismo ha creado una red de 50 observadores de los sucesos fenológicos repartidos por toda Catalunya, que han sido formados para poder hacer 45 identificaciones de los diferentes estadios fenológiocs (cuando sale la hoja, cuándo madura el fruto, la llegada de diversas aves…), con el fin de que puedan reportarlas periódicamente al SMC, que se encarga de validarla y de comunicarla a la Red Paneuropea de Datos Fenológicos, así como al Institut Català d’Ornitologia i al Catalan Butterfly Monitoring Scheme.

“En sí mismo, el trabajo de una persona, y en un único lugar, no puede demostrar ese cambio climático; pero su aportación sí que es una pieza fundamental para el tipo de estudios que estamos realizando pues ayudan a poder demostrar los impactos que está teniendo el cambio climático”, explica Jordi Cunillera, jefe de equipo de Canvi Climàtic del Servei Meteorològic de Catalunya. “Lo interesante de la aportación de Josep Borrell Bargalló es que también incorpora las series de temperaturas de todos estos años, con lo cual se puede apreciar la correlación entre el aumento de temperatura y su impacto en la vegetación”, resalta Jordi Cunillera.

Trabajo

“En sí mismo, el trabajo de una persona, y en un único lugar, no puede demostrar ese cambio climático; pero su aportación sí que es una pieza fundamental para el tipo de estudios que estamos realizando pues ayudan a poder demostrar los impactos que está teniendo el cambio climático”

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