“Los transgénicos son sanos, y más para los países pobres”

Entrevista a Richard J. Roberts, premi Nobel de Medicina, publicada a La Contra del diari La Vanguardia del dimarts 12 de juliol, per Lluís Amiguet.

Verdad o tranquilidad

Triunfar es ganarse el derecho a decir lo que crees y no sólo lo que crees que te conviene. Ser premio Nobel, como Richard J. Roberts, ayuda, pero no más que haber dedicado tu vida a servir a la ciencia. Es decir, a la verdad. Ser políticamente correcto, en cambio, es aceptar las falsedades más populares a cambio de una tranquilidad que al final sale carísima. Roberts prefiere ser científicamente correcto frente a la farmaindustria americana, cuya lógica ya no es curar para siempre, sino cobrar para siempre por medicamentos que no curan nunca. Con la misma claridad, critica al activismo ecológico por su campaña contra los transgénicos, pese a que la ciencia demuestra que son sanos. Y más para los países pobres.

Alguna lección para compartir tras una vida como investigador biomédico?

Oiga, que yo sigo investigando. No me jubile aún.

Tomo nota.

Yo diría que debemos ser científicamente correctos antes que políticamente correctos. Antes que agradar a nadie o ser más o menos popular, yo quiero quedar bien con mi conciencia y la verdad, sin admitir contradicciones entre ambas.

¿Tiene presiones?

Las de quienes defienden lógicas reñidas con la ciencia.

Por ejemplo.

La poderosa industria farmacológica y de investigación biomédica se guía sólo por la consecución de beneficios, cuantos más y más rápido mejor, y esa lógica se impone a menudo sobre la de la búsqueda de la salud para toda la humanidad.

¿Puede ser más concreto?

Desgraciadamente, sí. La investigación hoy se enfoca no a conseguir los medicamentos que más curen, sino los que más beneficios den y durante más tiempo. Y podría citarle muchos ejemplos.

¿No podrían curar y dar dinero?

Me temo que da mucho más dinero el tratamiento que cronifica una enfermedad que el que la cura. Por eso se invierte más en investigar las enfermedades que requieren medicamentos que se pueden vender durante años y no en los que curan de una vez.

¿Qué medicamentos?

Los antibióticos, por ejemplo, se han dejado de investigar porque curan en sólo una semana, aunque hoy los necesitaríamos más y mejores, porque los existentes ya no son tan eficaces como eran.

Es cierto que no salen nuevos.

En cambio, los medicamentos contra la artritis, por mencionar una de las dolencias más comunes y cronificables, se requieren durante lo que le quede de vida al enfermo y así pueden dar beneficios ingentes durante años. Y esos sí se investigan mucho.

También se investigan crecepelos y cosméticos de todo tipo.

Y me parece estupendo que generen grandes beneficios, porque no son medicinas.

Lograr un nuevo medicamento requiere ingente y arriesgada inversión.

Pero, en ese proceso, hay demasiados intereses privados que no coinciden con los de todos. Por ejemplo, los medicamentos aprobados por la UE han de ser también después aprobados por la FDA en EE.UU. ¿Por qué? Y hay otras dinámicas perversas.

Preocupante, pero ¿ve solución?

Que no dejemos toda la investigación farmacológica a inversores en busca de beneficio según la pura lógica de los mercados.

¿Y entonces?

Tiene que haber una investigación pública potente que haga lo que no hace la privada: fabricar medicamentos lo más baratos posible que curen de una vez a todos. Y es urgente, porque, además, la mejor investigación futura no va a ser tan rentable.

¿Por qué?

Los tratamientos de inmunoterapia, que están entre los más prometedores contra el cáncer, no generarán grandes beneficios.

¿Y la medicina personalizada?

Lo mismo: ¿quién la va a investigar a fondo si no va a proporcionar grandes ganancias? ¿Se da cuenta de que si dejamos nuestra salud únicamente en las manos de las megacorporaciones farmacológicas no van a investigar las líneas que más nos curarán, sino sólo las que más dinero les darán?

No es una lógica fácil de cambiar.

Hagan todo lo posible para que al menos en la UE haya investigación pública biomédica y farmacológica de calidad. Por supuesto también debe haberla privada –y muy potente y rentable–, pero no sólo privada.

Parece mentira que decir eso sea políticamente incorrecto.

Lo es en EE.UU., donde la salud se considera un terreno para el negocio. Pero paradójicamente también lo es decir que los transgénicos no dañan a nadie. Y lo digo porque ha sido probado por la ciencia. Los transgénicos sólo son malos para la pobreza y el hambre, porque son más resistentes a las plagas y requieren menos riego.

Defender los transgénicos también le creará enemigos, aunque en otro bando.

Sé que Greenpeace, a quien debemos mucho por su activismo, ha hecho causa, muy rentable por cierto, de la lucha contra los transgénicos. Pero que busquen otra, porque están frenando los progresos contra la pobreza en muchos países.

¿Cómo está tan seguro de que los transgénicos no nos perjudican?

Porque científicamente ha sido imposible en estudios serios encontrar en ellos nada perjudicial para la salud humana, como ha dictaminado la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. Las semillas transgénicas son tan sanas como las demás.

Pues la cruzada antitransgénica sigue.

Parte del activismo ecologista ha encontrado en los transgénicos una bandera de enganche y recaudación de fondos, pero no sirve a la humanidad. Espero que rectifiquen cuanto antes.

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