El tratado con EE.UU. impone la supremacía del comercio sobre la protección del clima

Notícia publicada a l’edició digital del diari La Vanguardia del dilluns 11 de juliol, per Antonio Cerrillo.

La propuesta de la UE sobre energía en la negociación del TTIP busca acabar con las barreras a los combustibles fósiles y aboga por eliminar la prioridad a las fuentes limpias

El tratado de libre comercio que negocian Estados Unidos y la UE se olvida del cambio climático; dicho de otra manera, impone la prioridad y la supremacía en el comercio de los combustibles fósiles sobre la protección del clima, pese a que los gases invernadero son el principal factor del calentamiento. Así, se deduce de la redacción de los capítulos sobre energía y materias primas que ha propuesto UE dentro de la negociación, y que han sido filtrados al iniciarse hoy una nueva ronda de conversaciones entre representantes de ambas potencias.

La UE sostiene que el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones “deberá” incluir un “compromiso judicialmente vinculante” para “eliminar toda restricción existente a la exportación del gas natural” entre Estados Unidos y la Unión Europea “en el momento de la entrada en vigor del acuerdo”. De esta manera, se “eliminaría”, entre otras cosas, la capacidad del Departamento de Energía de Estados Unidos para determinar si es de interés general la exportación a Europa del gas natural licuado (GNL), un combustible fósil con altas emisiones de gases de efecto invernadero.

Si esta regla se incluye en el TTIP, se fomentaría una mayor dependencia de unos de los combustibles fósiles que agravan el cambio climático, y, a la vez, se favorecería una mayor extracción de gas de esquisto (mediante la técnica de la fracturación hidráulica, conocida como fracking) y la expansión de las infraestructuras para transportar los combustibles fósiles, según expertos que han analizado el documento.

Precios sin barreras

Otra disposición propuesta por la UE en la negociación del TTIP es que las partes del tratado deben evitar que se fijen acuerdos para encarecer los precios de los productos exportados. Los precios deben ser los mismos que para el comercio doméstico y, por lo tanto, deben descartarse que se impongan “precios mínimos” o “licencias”. Esta regla en el TTIP también persigue sortear los instrumentos normativos que los Estados Unidos y la Unión Europea pueden esgrimir ahora para reducir las exportaciones de petróleo, gas y carbón.

Suministro en emergencia

Las dos potencias económicas “debe hacer todo lo posible” para minimizar “cualquier consecuencia negativa” en el suministro de gas natural o petróleo entre los Estados Unidos y la Unión Europea, si una de las partes invoca que se encuentra en una “situación de emergencia” en lo que se refiere a la provisión energía y tiene que interrumpir o recortar este suministro por razones que, en el documento, no se exponen. Destaca en este punto el hecho de que no se invoca específicamente que la emergencia puede deberse a un accidente.

No discriminar fuentes de energía

La propuesta de la UE para el TTIP incluye una nueva disposición, según la cual, las compañías eléctricas de los EEUU y de la UE “no deberían discriminar entre tipos de energía” a la hora de favorecer el acceso a la red eléctrica de cualquier fuente de energía para su transporte. Esta previsión choca con las políticas globales apuntadas por UE y EE.UU., que han ido aplicando medidas para requerir a las compañías productoras de electricidad que favorezcan las energías limpias (eólica, fotovoltaica…) frente a las obtenidas a partir de combustibles fósiles. Esta es la línea que apunta el Acuerdo de París (diciembre del 2015), aún por ratificar. El texto filtrado solo permite excepciones “limitadas” a esta regla.

En contradicción con las políticas

Esta previsión podría quebrantar las políticas globales de Estados Unidos y de la Unión Europea (y de sus Estados miembros) que han ido alentando la producción de energía limpia (en España, por ejemplo, mediante el Plan de Fomento de las Energías Renovables) y han creado normas que obligan a las compañías eléctricas a incrementar la producción de electricidad de fuentes renovables. En diversos países se han dado primas a las energías renovables para facilitar el acceso preferente a los productores de energía eólica y solar a la red eléctrica (aunque estas ayudas se han ido reduciendo y hasta eliminando en el caso de España) y en Estados Unidos se prima también el autoabastecimiento con energías renovables en algunos estados.

Puede haber excepciones a esta regla, pero éstas serían miradas con lupa. Y pueden ser juzgadas en los tribunales de arbitrajes que se acuerden. Así, cuando se examine esta excepción ante un tribunal, un gobierno deberá demostrar que cuando favoreció a las energías limpias se debió a la aplicación de una política que fue “necesaria”, “objetiva” y “legítima”.

Autorregulación delas empresas

Quitar poder a las políticas públicas en la regulación empresarial es otro objetivo claro que se trasluce detrás de este documento, a tenor del artículo 6.2 del capítulo de energía y materias primas: “Las partes fomentarán la autorregulación de la industria en materia de requisitos de eficiencia energética de las mercancías cuando esta autorregulación probablemente permitirá el logro de estos objetivos más rápidamente o de una manera menos costosa que mediante requerimientos obligatorios”, se dice

Todo indica que los redactores parecen estar deseando cambiar las propias reglamentaciones comunitarias, que imponen a la industria requerimientos en eficiencia energética en sus productos. Se busca que las partes fomenten la autorregulación de la industria en materia de eficiencia energética cuando puedan lograr los objetivos más rápidamente que con obligaciones legales. Esta provisión sería una amenaza incluso para las exigencias de eficiencia mínima que el Departamento de Energía de los Estados Unidos impone a más de 60 tipos de equipos y máquinas, según expertos que han analizado el texto.

Recursos y materiales

En materia de recursos naturales y materiales, el redactado también busca sutilmente presionar a los países de todo el mundo a abandonar las protecciones contra las actividades extractivas que dañan el medio ambiente. Así, se indica que EE.UU. y la UE “deben cooperar” para “reducir o eliminar medidas que distorsionan el comercio y la inversión en terceros países, y que afectan la energía y materias primas”. Esto quiere decir que los EE.UU. y la UE deben tratar de reducir o eliminar políticas proteccionistas en los países no adheridos al TTIP, si éstos impiden el comercio o la inversión en combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), y extracción y comercio de madera y minerales (como cobre y plomo…).

Muchas de las explotaciones de recursos, minerales, madera y otros productos que se hacen ahora en países en desarrollo son cuestionadas ahora porque no respetan la preservación del medio ambiente, lo que ha incrementado los confictos ambientales, según ha venido denuncian Global Witness.

Armonizar esfuerzos

En otro capítulo sobre energías y materias primas (el 6.1), se expresa la voluntad de fomentar la “armonización” de “estándares en eficiencia energética y energía renovable”, lo que muestra la voluntad de las partes de alterar los requerimientos actuales en materia de energía limpia existente para conformar un nuevo y estandarizado conjunto de normas. En la práctica, tales esfuerzos en favor de una “armonización” internacional han sido promovidos por la industria de los combustibles fósiles, según fuentes independientes.

Controlar los acuerdos

Otra disposición filtrada en el capítulo para las negociaciones del TTIP establecería un “grupo de trabajo para energía y materia prima” para controlar la aplicación de las obligaciones descritas, incluyendo la “observación de las exigencias de las partes interesadas”. Los expertos destacan en que en la formulación de políticas de los EEUU, los representantes de la industria tienden a dominar tales procesos de las partes interesadas. Esta disposición proporcionaría una vía a las empresas de combustibles fósiles para usar las normas del TTIP con el fin de manifestarse en contra de las políticas de EEUU y la UE que impiden comercializar o la inversión en combustibles fósiles. En este casos, las posible disputas o desacuerdos entre países deben dilucidarse en un órgano que deber establecer el arbitraje.

Sin política climática

Los grupos ecologistas critican la falta de medias para mitigar el calentamiento y dudan que el comercio favorezca la economía baja en carbono. Las emisiones de aviación y transporte marítimo siguen al margen de los tratados internacionales (protocolo de Kioto o Acuerdo de París). La única forma efectiva de reducir estas emisiones es aminorar la actividad del comercio, señalan estos grupos. De hecho, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Río, 1992) advierte que cualquier acción climática no debe suponer una restricción ni directa ni encubierta del comercio.

Transporte de gas

Por otro lado, para finales de este mes se espera la llegada al puerto del Ferrol (Galicia) del primer cargamento de gas natural Licuado -procedente de pozos de fracking– desde la Terminal de Sabine Pass en EEUU. Este país ha tenido prohibida la exportación de hidrocarburos desde 1975 y recientemente el congreso ha levantado esa prohibición. Este año el primer cargamento de gas de fracking salió de Texas con destino a Brasil. Ahora, le toca a Europa. España, con una alta capacidad de regasificación, aspira a ser puerta de entrada al GNL.

Empresas españolas tienen contratos para importar este combustible. La Comisión Europea ya está abonando el camino, como lo demostró la aprobación del “paquete de invierno” en febrero que incluía una estrategia para el GNL con previsión de demandas inversiones cuantiosas en este terreno. “No obstante, la dependencia de gas de Europa está bajando, como lo demuestra la caída de la demanda en los últimos tiempos, con lo cual no se justifica de ninguna manera está apuesta por el gas”, dice Tom Kucharz, portavoz de Ecologistas en Acción y de la Campaña “No al Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones”.

“El gas está compitiendo con las energías renovables y es urgente contrarrestar la imagen de combustible limpio que se quiere dar de él. Su contribución al problema climático hace que sea cuestionable, principalmente por las fugas de metano. En cualquier caso, la huella climática del fracking es mayor que la del gas convencional, y si encima ese gas hay que licuarlo, transportarlo, regasificarlo, y volverlo a transportar, concluimos que el balance climático y otros riesgos asociados al transporte lo hacen más que cuestionable”, dice Tom Kucharz.

Opinión de Equo

La nueva flitración sobre el TTIP demuestra que la Unión Europea va en dirección contraria a los compromisos alcanzados en París. Acabar con las restricciones a la exportación de combustibles fósiles acelerará el consumo de energías sucias como el petróleo, el carbón o el gas, e incrementará las emisiones de CO2, y hará imposible lograr el objetivo alcanzado por toda la comunidad internacional: frenar el cambio climático y sus graves consecuencias sobre nuestras vidas”, señala Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el Parlamento europeo.

“Esto dificulta y pone en jaque las políticas de la Unión Europea en materia de transición energética y producción de energías limpias. Es de sentido común: no habrá una verdadera transición ecológica con acuerdos comerciales que favorezcan y alienten la extracción y consumo de energías sucias”, añade.

“Incoherencia e irresponsabilidad”

“El TTIP supondría un aumento drástico de las emisiones europeas de CO2, en sentido contrario de los objetivos de reducción firmados por la propia UE. Es una incoherencia y una irresponsabilidad. Teníamos claro que el TTIP no es una herramienta de lucha contra el cambio climático, y esta nueva filtración lo confirma; más bien al contrario,defiende los intereses de las multinacionales de la energía, y es incoherente con la transición hacia un modelo energético limpio, justo y democrático. A estas alturas de la historia climática, este tratado comercial no tiene, por tanto, razón de ser. En el siglo XXI, la economía tiene que estar al servicio del clima”, explica Florent Marcellesi.

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