Vacas en el país de los mil conflictos

Notícia publicada a l’edició digital el diari La Vanguardia d’ahir diumenge 2 de novembre, per Rafael Poch.

La protesta contra una industria lechera, paradigma del descontento francés

Miles de personas ante la sede del tribunal de Amiens, capital de Picardia, al norte de París. Junto a una de las mayores catedrales góticas de Francia, agricultores y activistas ecologistas protestan contra la “granja de las mil vacas”, una nueva industria lechera que profundiza la destrucción de la agricultura tradicional.

En la industria de las “mil vacas”, establecida en el pueblo de Drucat, al norte de Amiens, los animales no pisan el campo: vacas siempre estabuladas, alimentadas por un ordenador y ordeñadas tres veces al día en una especie de carrusel giratorio ultramoderno con capacidad para ochenta animales. ¿Puestos de trabajo?: quince empleados lo manejan todo.

Cada vaca da 80 litros y su leche es rentable a 25 céntimos el litro. La explotación convencional, con una media de 50 vacas por granja en Francia (37 en España), da 20 litros por vaca y el producto se vende a 32/34 céntimos el litro. Con los deshechos se fabrica metano que se vende al monopolio eléctrico EDF.

En la nueva granja, la leche es un subproducto low cost del agro-business, es decir ruina subvencionada por la Unión Europea para el agricultor tradicional e involución cualitativa para el producto, explica Dominique Henry, agricultora jubilada y activista contra la “granja de las mil vacas”.

El 28 de mayo ella y otros 50 activistas y agricultores irrumpieron en la industria, parando las máquinas y desmontando -no destruyendo- sus instalaciones. El empresario denuncia daños por valor de 100.000 euros. Se llama Michel Ramery, hizo su dinero en el ladrillo y hoy ocupa el puesto 387 en la lista de fortunas francesas de la revista “Challenges”. Ramery es un inversor que habla de “competitividad”.

El modelo viene de… Alemania, el país que asoló los campos de Picardía en dos guerras mundiales cuyos rastros aún se perciben (la catedral de Amiens se salvó por milagro), y a su vez de Estados Unidos, donde hay granjas de 30.000 vacas. Pero en Francia es nuevo y ese progreso es visto como lo contrario de lo que habría que potenciar para impedir la expulsión de agricultores que el campo francés vive desde 1960: entonces eran 8 millones de agricultores en granja, en el 2000 solo 2 millones y hoy unos 1,5. millones y bajando…

“Luchamos por un modelo que respeta al hombre y al animal”, dice Michel Kfoury, el médico que dirige la asociación Novissen (acrónimo de “nuestros pueblos se preocupan por su medio ambiente”). La asociación lleva cuatro años trabajando contra la “granja de las mil vacas”. Gracias a una campaña de comunicación llamada “La vaca indignada”, la asociación local Novissen fue sumando apoyos. La Confédération Paysanne de Jose Bové, el segundo sindicato agrícola francés de vocación ecologista, y hasta la organización de Brigitte Bardot, amenazan con el boicot a la gran lechera Senoble si esta compra la leche de la nueva industria. El tema llega a los medios de comunicación.

La irrupción de los activistas en la granja, del 28 de mayo, concluyó con varias detenciones. Cuando Laurent Pinatel, portavoz del sindicato agrario se dirigía a ver al ministro de agricultura, Stéphane Le Foll, los guardaespaldas de éste le derriban al suelo, le esposan y le detienen. Una imagen bastante fuerte e inhabitual en Francia.

Al día siguiente, en la localidad de Rodez, cerca de Toulouse y muy lejos de la Picardía, activistas del sindicato retienen en un despacho al asesor de agricultura de François Hollande, Philippe Vinçon. No lo dejan salir hasta que pongan en libertad a los activistas de Picardía. Formalmente un secuestro, pero el trato funciona: los activistas son liberados. Sin embargo aquellos deben responder ante la ley por el asalto a la “granja de las mil vacas”. El día del juicio en Amiens era el martes y de ahí la afluencia, alegre y festiva, de miles de personas ante el tribunal de la ciudad que juzga a nueve activistas sindicales.

En la plaza se representa una parodia de juicio. Judith, una agricultora de los Pirineos Orientales ataviada con toga roja hace de jueza. El fiscal, togado y con sandalias, Jean-Claude, es otro agricultor de Bretaña. El abogado es el único actor profesional. El acusado es el “empresario de las mil vacas”, un sindicalista con corbata y gafas oscuras. Una representación magistral con discursos que resumen los desmanes agrarios europeos. El abogado usa en su defensa una parodia de la jerga estudiadamente incomprensible del tecnócrata economista, atribuida a Jean Tirole, el premio Nóbel de economía francés partidario de encoger el derecho laboral; “el tipo de TTP, es condición para el éxito del modelo competitivo de PTT”, dice entre la juerga general. La jueza llama al orden agitando un cencerro. Al final una condena por “atraco en banda organizada con la complicidad del poder político y de los medios de comunicación”.

Dentro del Palacio de justicia, también hay sentencia: de dos a cinco meses de cárcel, con sentencia suspendida, para los nueve activistas, es decir: todos a la calle. Una nueva muestra de la prudencia del Estado francés ante las protestas sociales.
El inútil aeropuerto de Notre Dame de Nantes, escenario de batallas campales, ha sido finalmente abandonado. La presa de Sivens, cerca de Albí, donde el domingo un joven manifestante murió impactado por un proyectil policial, ya ha sido suspendida. Lo mismo que la ecotasa ante la amenaza de protestas del transporte o las concesiones hechas a la masiva contestación conservadora de la “Manif pour Tous”. El gobierno sabe que el país es un polvorín de descontentos de diverso signo y actúa con prudencia.

“Francia, primer territorio agrícola europeo, es el terreno de todos los desafíos, por eso somos nosotros los franceses, tantas veces pioneros de las luchas sociales y de las libertades públicas e individuales, quienes debemos mostrar a Europa que se puede poner en marcha granjas de escala humana sin perder el sentido de la innovación”, explica Thierry Bonnamour, uno de los encausados en el juicio de Amiens. A la misma hora, mitin de Nicolás Sarkozy en Marsella: “fui cuatro años ministro del interior y cinco presidente de la república, cada mañana me decía: “Francia es un país eruptivo, vayamos con cuidado, seamos republicanos”.

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