849 millones de hectáreas de terrenos naturales sufren riesgo de degradación de aquí a 2050

Nota publicada al portal web iAgua.es d’avui dilluns 27 de gener, pel PNUMA.

Hasta 849 millones de hectáreas de terrenos naturales (casi el tamaño del Brasil) sufren riesgo de degradación de aquí a 2050 si continúan las tendencias actuales de uso insostenible de la tierra, advierte un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). La necesidad de alimentar a un número creciente de personas en todo el planeta ha provocado que cada vez más terrenos se conviertan en tierras de cultivo, a expensas de las sabanas, las praderas y los bosques del mundo. El resultado ha sido la degradación ambiental generalizada y la pérdida de diversidad biológica, que afectan al 23% del suelo mundial, según las estimaciones.

La agricultura consume actualmente más del 30% de la superficie continental del planeta y las tierras de cultivo abarcan en torno al 10% del terreno mundial. Entre 1961 y 2007, las tierras de cultivo se expandieron en un 11%, tendencia que continúa creciendo. El informe titulado Assessing Global Land Use: Balancing Consumption with Sustainable Supply (Evaluación del uso de la tierra mundial: equilibrar el consumo con la oferta sostenible) fue elaborado por el Grupo Internacional para la Gestión Sostenible de los Recursos: un consorcio compuesto por 27 científicos de renombre internacional especializados en recursos, 33 gobiernos nacionales y otros grupos, auspiciado por el PNUMA.

El Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, dijo: “El mundo nunca ha experimentado una reducción tan pronunciada en los servicios y las funciones de los ecosistemas terrestres como en los últimos 50 años. Selvas y humedales se han convertido en terrenos agrícolas para alimentar a la creciente población”. “Al reconocer que la tierra es un recurso finito, necesitamos aumentar la eficiencia en nuestra forma de producir, ofrecer y consumir los productos obtenidos de ella. Debemos ser capaces de definir los límites dentro de los cuales el planeta puede funcionar con seguridad y atenernos a ellos para salvar millones de hectáreas de aquí a 2050”, añadió. “Las recomendaciones del informe deben servir de base para las políticas y contribuir al debate en curso sobre las metas y los indicadores para la gestión sostenible de los recursos, ahora que el mundo traza una nueva ruta hacia el desarrollo sostenible después de 2015.”

El informe describe la necesidad de equilibrar el consumo con la producción sostenible, y las opciones existentes. Dedica especial atención a los productos obtenidos de la tierra, como alimentos, combustibles y fibra, y describe métodos que permiten a los países determinar si sus niveles de consumo superan las capacidades de oferta sostenible. Al mismo tiempo, distingue entre la expansión de las tierras de cultivo en cifras brutas y en cifras netas. En tanto que la expansión neta es resultado de la mayor demanda de alimentos y de biomasa no utilizada para la alimentación, que crece a mayor velocidad que el rendimiento, la expansión bruta incluye el desplazamiento de tierras de cultivo a otras zonas debido a las pérdidas provocadas por la degradación severa. En un escenario sin cambios respecto a la situación actual, la expansión neta de las tierras de cultivo será de entre 120 y 500 millones de hectáreas hasta 2050. El cambio a una dieta más rica en proteínas en los países en desarrollo, unido a la creciente demanda de biocombustibles y biomateriales, especialmente en los países desarrollados, están aumentando la demanda de tierra.

Un nivel de consumo sin riesgos

El informe aspira a responder a la pregunta: ¿cuánto puede seguir aumentando la superficie de tierra utilizada para atender la creciente demanda de alimentos y biomasa no alimentaria manteniendo en un nivel tolerable las consecuencias del cambio en su uso (por ejemplo, la deforestación)? La combinación del aumento de los ingresos con la urbanización está cambiando la dieta e incrementando la demanda de terreno hasta el punto de que el cambio de dieta pronto superará, tal vez, al crecimiento de la población como principal motivo de las necesidades de terreno dedicado a la alimentación.

Con objeto de hacer frente a estos desafíos, entre otros, el Grupo Internacional para la Gestión Sostenible de los Recursos utiliza el concepto de “espacio operativo seguro” como punto de partida para comprender cuánto puede crecer el uso de la tierra antes de que el riesgo de sufrir daños irreversibles (en particular por la pérdida de diversidad biológica, la liberación de dióxido de carbono, la alteración de los ciclos del agua y los nutrientes, y la pérdida de suelo fértil) alcance un nivel inaceptable.

El informe indica que, a fin de alcanzar el objetivo de detener la pérdida de biodiversidad mundial para 2020, será necesario poner fin a la expansión de la tierra de cultivo, que es un impulsor fundamental de dicha pérdida. Mediante el concepto del espacio operativo seguro, se calcula que la superficie de cultivo mundial disponible para responder a la demanda podría aumentar sin riesgo en 1.640 millones de hectáreas, como máximo.

De mantenerse las condiciones actuales, el informe advierte de que la demanda mundial de terreno prevista para 2050 superará con creces ese espacio operativo seguro. Como etapa provisional, el informe propone 0,20 hectáreas (1.970 metros cuadrados) de tierra de cultivo por persona utilizada para el consumo de aquí a 2030. La vigilancia del uso de la tierra mundial para el consumo interno de los países y las regiones es un indicio de si superan el espacio operativo seguro o se atienen a él. En el caso de la Unión Europea, por ejemplo, en 2007 fueron necesarias 0,31 hectáreas por persona. Esto supone una cuarta parte más del terreno disponible dentro de la UE, una tercera parte más de las tierras de cultivo disponibles por persona en 2007 en todo el mundo, y un nivel significativamente superior a las 0,20 hectáreas por persona tomadas como meta del espacio operativo seguro para 2030.

El informe dice que las causas principales de nuestros desafíos mundiales están vinculadas con niveles de consumo insostenibles y desproporcionados, pero en los países de consumo elevado son pocos los instrumentos normativos que se ocupan de los hábitos de consumo excesivo y pocas las estructuras que los favorecen. Al mismo tiempo, debido a la población mundial en expansión y a la tendencia internacional hacia la urbanización, se prevé que, en 2050, hasta el 5% de los aproximadamente 15.000 millones de hectáreas de terreno existentes en el mundo esté cubierto por zonas edificadas. En muchos casos, las zonas edificadas crecen a expensas del terreno agrícola y este, a su vez, aumenta a expensas de praderas, sabanas y selvas, especialmente en regiones tropicales. Además, en los cinco últimos decenios, la deforestación ha alcanzado una velocidad promedio de unos 13 millones de hectáreas anuales.

Reducir la demanda de tierra

Aunque el aumento del rendimiento agrícola mundial medio está frenando, parece prometedora la oportunidad de incrementar la productividad en regiones donde está a la zaga, como el África subsahariana. La creación de capacidad en materia de mejores prácticas de gestión, la integración de los conocimientos científicos con la sabiduría local y la inversión en rehabilitar suelos degradados ofrecen gran potencial para maximizar el rendimiento.
En regiones de alto consumo, se necesita un uso más eficiente y equitativo de los productos de la tierra. De aquí a 2050 se pueden salvar hasta 319 millones de hectáreas, si el mundo sigue una combinación de medidas diseñadas para mantener la expansión de las tierras de cultivo dentro del “espacio operativo seguro”.

Entre estas medidas figuran las siguientes:

– Mejorar la ordenación de la tierra y la planificación de su uso a fin de reducir al mínimo la expansión de terrenos edificados en suelo fértil;
– Invertir en la rehabilitación de suelos degradados;
– Mejorar las prácticas de producción agrícola para aumentar la intensificación de manera ecológica y socialmente aceptable;
– Vigilar las necesidades de uso de la tierra mundial de los países para el consumo total de bienes agrícolas a fin de compararlas con la oferta mundial promedio y sostenible, y de definir sus consecuencias para las políticas sectoriales;
– Reducir el desperdicio de alimentos y favorecer dietas con mayor contenido de verduras;
– Reducir los subsidios a cultivos destinados a combustible, lo que incluye la reducción y eliminación de cuotas para biocombustibles en los países consumidores.

En 2005, las 10 mayores corporaciones controlaban la mitad de las ventas de semillas comerciales, las 5 principales empresas de comercio de cereales controlaban el 75% del mercado y los 10 mayores fabricantes suministraban el 84% de los plaguicidas. El comercio agrícola internacional se ha multiplicado por diez desde los años 1960. Ha surgido un comercio agrícola mundial caracterizado por altos niveles de concentración agroindustrial, un rápido aumento de la cuota de venta minorista de alimentos correspondiente a las cadenas de supermercados, y un crecimiento del comercio de productos alimentarios, fertilizantes y plaguicidas. El precio de los alimentos continúa por debajo del máximo alcanzado en 2008, pero es superior a los niveles previos a la crisis en muchos países en desarrollo.

Hacia un uso más sostenible de la tierra

El informe formula varias recomendaciones intersectoriales que, en conjunto, podrían contribuir a limitar la expansión bruta de las tierras de cultivo entre un 8% y un 37% adicional para 2050, permitiendo que el mundo se atenga a su espacio operativo seguro.

Estas recomendaciones incluyen:

– Mejorar los sistemas de información, especialmente para vigilar el uso de la tierra en cada país, así como el uso de tierra en otros países para la producción y el consumo internos;
– Planificar el uso de la tierra para prevenir la pérdida de zonas naturales de gran valor ante la invasión de las tierras de cultivo y para evitar que las zonas edificadas se expandan a suelo fértil;
– Armonizar las políticas de seguridad alimentaria, energía, desarrollo rural e industriales mediante programas en favor de la gestión sostenible de los recursos que abarquen la totalidad de la economía;
– Elaborar instrumentos económicos que desencadenen la oferta y la demanda sostenibles; por ejemplo, un “subsidio a la sostenibilidad” para fomentar la productividad del suelo a largo plazo;
– Dirigir la inversión pública de manera que preste más atención a las necesidades de los pequeños agricultores a fin de mejorar la seguridad alimentaria y las condiciones de vida en las zonas rurales.

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