Ramón Llamas: “El agua ha cambiado el voto en España: en Murcia y Alicante el PSOE casi ha desaparecido en beneficio del PP”

Entrevista a Ramón Llamas, del Observatorio del Agua (Fundación Botín) d’ahir dilluns 1 de juliol, per Alejandro Maceira.

La mentalidad de Joaquín Costa todavía predomina en muchos sectores de nuestra sociedad”
“Habría que duplicar o triplicar las tarifas del agua en España”
“Un Pacto de Estado sobre el agua hoy día es relativamente fácil de conseguir”
“La crisis está retrasando la necesaria subida de tarifas”
“En España no hay problema de escasez física de agua: el problema es de gobernanza”

Ramón Llamas es Catedrático Emérito por la Universidad Complutense y Miembro de la Real Academia de Ciencia. Ha publicado más de cien libros o monografías y más de 300 artículos en revistas científicas. El Profesor Ramón Llamas tiene dos doctorados en ingeniería civil y geología respectivamente por las Universidades Complutense y Politécnica de Madrid. En 1972 se convirtió en el primer catedrático en hidrogeología en España.

Ha sido presidente de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos y coordinador del grupo de trabajo sobre la Ética en el Uso de los recursos hídricos. Ha sido Director del Proyecto de Aguas subterráneas de la Fundación Botín, que fue completado en Marzo del 2003, y que fue presentado oficialmente en Osaka (Japón) en el 3er Foro Mundial del Agua. Actualmente lidera el Observatorio del Agua de la Fundación Botín.

Señor Llamas, en iAgua tenemos una tradición con todos nuestros invitados: les pedimos para empezar las entrevistas que nos expliquen cómo ha discurrido su carrera en el mundo del agua. Entiendo que, en su caso, nos encontramos ante una experiencia muy prolija, pero… ¿sería posible concretarla?

Probablemente sea de los más longevos en el mundo del agua, porque tengo 81 años y empecé a los 15 llevando la contabilidad de una pequeña empresa familiar, una mini central en el Río Esgueva en Valladolid. Éramos once hermanos, y mi padre, desde pequeños, ya nos dijo que había que trabajar, así que el primer dinero que gané en mi vida fue así, haciendo los recibos de aquellos usuarios de energía eléctrica. Más tarde estudié Ingeniería de caminos y Geología en Madrid. Como funcionario del Cuerpo de Caminos, trabajé quince años en la Dirección General de Obras Hidráulicas. Guardo un recuerdo muy positivo de toda la gente con la que compartí tareas durante esos años.

Después pasé a la Universidad. He trabajado en distintas Universidades, fundamentalmente en España, pero también Norteamérica, y después de jubilarme hace ya diez años, he continuado haciendo investigación en la Universidad y también en la Real Academia de Ciencias, en la que ingresé como miembro de número en 1988. Desde 1998, buena parte de mis investigaciones han sido realizadas con la ayuda de la Fundación Botín. En síntesis, llevo más de sesenta años dedicado, como ingeniero o como investigador o como docente, al mundo acuático.

Después de esta breve introducción, entremos en materia con una de las preguntas claves que todos nos hacemos: en su opinión, ¿a qué se deben los problemas del agua en España?

Fundamentalmente a una mala gestión de este recurso por los políticos y por la sociedad en general. Ésto es especialmente grave teniendo en cuenta cómo ha cambiado el mundo exteriormente. Es decir, hoy en día hay unas condiciones que hacen mucho más fácil llegar a una paz acuática, a evitar los conflictos del agua, que hace veinte o treinta años. Sin embargo, el problema principal es que lo que podríamos definir como la mentalidad de Joaquín Costa todavía predomina en muchos sectores de nuestra sociedad. El planteamiento hoy día tiene que ser muy distinto, porque las circunstancias son diferentes.

No es que lo que hicieron nuestros ancestros estuviera mal. Estaba bien para su época, había gente competente y honrada y que quería hacer las cosas bien, pero no se puede ignorar el mundo actual. La globalización, la aldea global, es una realidad. Este planeta cada día es más pequeño, y eso hay que tenerlo muy en cuenta.

En esta situación, ¿qué papel juega la agricultura en la asignación de los recursos hídricos en España?

La agricultura juega un papel esencial, no en España sino en todo el mundo. De todas formas, no se puede olvidar que la agricultura no es solo para producir alimentos; tiene otras muchas funciones: biodiversidad, vida rural, paisaje, caza y otros. Igualmente, los usos que da el hombre al agua son, de modo muy principal, para la agricultura clásica; es decir, para la producción de alimentos y fibras. Estos usos llegan a ser del orden del 80 al 90% de todo el agua azul y verde utilizada por los seres humanos. El uso de los conceptos de agua verde y azul apenas tiene treinta años de antigüedad, pero es importante. Hasta hace poco, los planificadores o gestores del agua sólo se ocupaban del agua azul (la de ríos, lagos y acuíferos) pues era la única que consideraban manipulable por el hombre. Hoy, gracias a los sensores remotos, la situación está cambiando muy rápidamente.

Actualmente hay expertos a los que les gusta dividir el agua consumida por los humanos en dos grupos: el agua para alimentos y el agua para no alimentos (por ejemplo, los usos urbanos e industriales). El primer grupo supone, como acabo de decir, el 80 o 90% de los usos humanos.

Otro concepto nuevo e importantísimo es el del comercio del agua virtual. Agua virtual es la cantidad de agua necesaria para producir un bien o servicio. Por ejemplo, para producir un kilo de trigo se necesitan mil kilos (litros) de agua. Cuando Jordania o Egipto importan un barco de trigo, están importando mil barcos de agua virtual del país de donde procede ese trigo, como puede ser Argentina. Y en muchos casos, ese agua era verde o de lluvia.

Hasta hace relativamente poco, cada sitio producía o aspiraba a producir lo que consumía. Se buscaba lo que se denominaba autosuficiencia alimentaria. Hoy, la situación ha cambiado drásticamente. El comercio en general de alimentos es más rápido y barato que hace unas décadas. Y muchos países compensan su insuficiencia de agua mediante la importación de alimentos. Pero esto no sólo ocurre en países áridos. Por ejemplo, en España se puede comer un kiwi en invierno que viene de Nueva Zelanda, es decir, de las antípodas. Pero hay más: desde hace al menos dos decenios, España tiene una potente ganadería y un industria cárnica boyante relacionada con ella. Pues bien, nuestro país no tiene lluvia suficiente para producir los piensos necesarios para ese ganado, pero se importan de Argentina, de Brasil y de otros países. Es decir, que importamos agua virtual barata, principalmente en forma de soja, y exportamos agua virtual bastante más cara, principalmente en forma de productos cárnicos.

Seguimos con la asignación de recursos. Una de las herramientas más conocidas son los mercados del agua. ¿Qué desarrollo han tenido estos mercados en España?

En casi todo el mundo, el agua es un bien de dominio público, es decir, es de todos pero el Gobierno cuida de que se utilice para el bien común de la sociedad y puede conceder su uso a una persona física o moral mediante una concesión. Esa concesión puede ser cancelada si el concesionario no cumple las condiciones estipuladas en la concesión. Como bien de dominio público, esa agua queda “extra commercium” y no puede ser vendida o comprada por el concesionario.

Ahora bien; esto es la teoría, pero en la práctica, una reciente reforma de la Ley de Aguas española permite el comercio de los derechos de concesión. Este reciente cambio legislativo y de mentalidad empezó en California y otros estados de Estados Unidos hace dos decenios, y hoy día se están extendiendo a muchos países y no sólo a España. Cabe preguntarse por qué este cambio. Mi opinión personal es que esto ha sido una solución pragmática y contra la teoría del derecho. Y se ha hecho debido al fracaso claro de la Administración estatal de aplicar la potencial revisión de las concesiones que autorizaban las anteriores leyes de aguas.

Parece una opinión general que hay que revisar en España, y probablemente en casi todos los países, el sistema de concesiones de aguas. Antes eran para cien años, ahora puede ser máximo sesenta y cinco, pero, ¿cómo va a ser el mundo dentro de sesenta y cinco años? Dar una concesión a sesenta y cinco años es hipotecar el futuro. Al mismo tiempo, hay que dar una cierta seguridad jurídica a los que solicitan la concesión, pues el que invierte quiere saber que no va a quedar al capricho de la administración o del gobierno de turno. Es un dilema al que hay que buscar probablemente una solución pragmática.

Enlazando con esta respuesta y pasando al punto de vista de la sociedad, ¿cree usted que la sociedad española tiene una noción clara de cuál es el valor económico de los usos del agua?

Me parece evidente que no, pero creo que sería relativamente fácil enseñara la sociedad española las ideas correctas en este campo.

Por ejemplo, el coste del agua urbana para una familia de cuatro a cinco miembros y de clase económica media-baja es menos del uno por ciento de su renta. Muchas veces en clase he preguntado “cuánto les cuesta a ustedes el agua”. Casi nunca lo sabían, porque es una cantidad muy pequeña; en cambio, sí que solían saber lo que les costaba la energía eléctrica.

Por otra parte, si hay restricciones de agua, es un caos en la vida familiar y en la ciudad. Por ello, los políticos tienen auténtico pavor a declarar restricciones de agua en una ciudad. Recordemos el más reciente caso de Barcelona con el ridículo internacional de tener que llevar agua en barco desde Marsella .Pero cinco años antes había ocurrido lo mismo con la ciudad de Cádiz respecto a Huelva. Esto sucede en gran parte porque las tarifas que tenemos en España son extraordinariamente bajas. En mi opinión, habría que subirlas al doble o quizás al triple.

No soy experto en abastecimientos urbanos, pero creo que la mayor parte de la gente coincide: hace falta una regulación nacional. Es decir, hoy día el precio del agua, porque es competencia municipal, lo determina cada municipio como considera oportuno. Son muchos los que opinan que buena parte de los alcaldes, cuando contratan esos servicios con compañías privadas, una parte sustancial de los ingresos la destinan a las fiestas del pueblo o a arreglar la pavimentación, etc., en lugar de invertir en las infraestructuras del abastecimiento urbano. Por eso, en cualquier momento puede estallar la burbuja del abastecimiento urbano, como dice mi buen amigo Enrique Cabrera. Hemos estado viviendo de las subvenciones de Europa y de no invertir para renovar y eso puede explotar.

Usted cree que sería fácil explicar este problema a la población, pero ¿considera realmente que la sociedad española estaría dispuesta a pagar más por el agua a cambio de una mejora en la gestión?

Pienso que si esa explicación se hace bien no tiene por qué haber problemas. España en muchísimos aspectos es un país privilegiado, estamos entre el diez por ciento de los mejores países del mundo en nivel de vida. El hecho de que aquí uno pueda beber agua incolora, inodora e insípida del grifo de su casa es un lujo que muchos sitios no tienen.

Por ejemplo, en la Ciudad de México se dice: “¡Ojo con la Venganza de Moctezuma!”. Yo la he padecido. Mi primer viaje a México me costó un mes de estar fastidiado pero hay gente que incluso se muere. Se llamó Venganza de Moctezuma porque causó más bajas en el ejército Hernán Cortés que las propias fechas o las espadas de los indios. Y México es un país emergente con un nivel de vida relativamente alto, pero en gran parte de las ciudades del mundo el abastecimiento urbano no tiene las condiciones tiene en España la casi totalidad de los pueblos.

No pocas veces he puesto el ejemplo de lo que ocurrió en Madrid hace ya treinta o cuarenta años para el tratamiento de las aguas residuales de Madrid. El Alcalde Tierno Galván subió las tarifas de agua en un trescientos por cien para pagar el Plan de Depuración de Aguas Residuales. No hubo ninguna perturbación social, pero Tierno Galván llenó Madrid de carteles hablando de la mejora del río Manzanares sin malos olores ni mosquitos. La gente, si se le explican las cosas, bien suele entenderlas.

Tenemos claro cómo podemos actuar sobre la sociedad, vamos a pasarnos al otro lado. ¿Usted cree que se utiliza políticamente el agua en España?

Este es uno de los principales males de la política del agua en España. El agua se ha utilizado -y se sigue utilizando- como arma política, cosa que también ocurre en muchos países semiáridos o áridos.

El agua ha cambiado el voto en España, eso es un hecho comprobable. Es decir, Murcia y Alicante eran tradicionalmente votos de izquierda, y con este tema de “Agua para Todos”, hoy día el Partido Socialista casi ha desaparecido en beneficio del PP.

El horizonte temporal de los políticos es como máximo de cuatro años: es la fecha de las próximas elecciones, y la función objetivo en términos matemáticos de cualquier político es ganar las siguientes elecciones, ya que si no gana las elecciones no puede hacer nada. Por otro lado, la planificación hidrológica requiere tomar decisiones para espacios mucho más largos de tiempo de diez a veinte o más años. Está claro que ahí hay una discordancia difícil de superar.

Felipe González escribió hace unos años un artículo diciendo que hacía falta un Pacto de Estado sobre el agua para evitar que fuese agua política. Lo mismo dijo Rajoy antes de las elecciones. Después de las elecciones, la verdad es que lo he oído poco, pero yo creo que eso sería un gran logro en España y creo que es hoy día relativamente fácil de conseguir.

En este problema, en esta utilización política, ¿qué papel cree que juega la distribución competencial de la administración del agua: Gobierno Central, Comunidades Autónomas, Confederaciones Hidrográficas, Ayuntamientos? ¿Cree que esta distribución provoca problemas y lleva a la utilización política del agua?

Es un tema complejo y difícil que existe en muchos los países, y no sólo con referencia al agua. Pero una mayor transparencia y educación de la sociedad puede facilitar la solución de los problemas. Hay todavía en circulación muchas ideas o paradigmas que son falsos o han quedado obsoletos.

Por ejemplo, la gente piensa que tener agua abundante es sinónimo de riqueza y no es cierto; no es cierto en lo absoluto, ni en España ni en el conjunto del mundo. Es decir, la riqueza o el bienestar de un país dependen de muchos factores. Evidentemente, si no hay agua no hay vida, entonces no hay habitantes y por consiguiente no hay problemas.

Pero, ¿es que es más rica Galicia, donde llueve mucho, que Almería la provincia dónde llueve menos? No, y si hablamos a nivel mundial ocurre lo mismo. Por ejemplo: ¿qué agua tiene Arabia Saudita? Prácticamente nada, pero tienen petróleo.

Antes hemos hablado de alguna pista pero vamos a intentar profundizar. ¿Cómo cree que está afectando la crisis económica al mundo del agua?

No tengo una opinión clara sobre este temar. Todas las crisis tienen algo positivo: ahora no hay dinero para infraestructuras, por consiguiente la gente piensa en que hay ver mejor cómo manejamos el agua sin pensar que vamos a construir una nueva infraestructura.

Como aspecto negativo, cabe mencionar que probablemente la crisis está retrasando la necesaria subida de tarifas, que en el agua urbana es esencia. En un período de crisis, los políticos son más enemigos de subir impuestos o tarifas, pero hemos visto cómo lo han hecho.

Hablaba antes de las conocidas teorías de su colega Enrique Cabrera sobre la burbuja del agua, etc. ¿Cree que es sostenible la gestión actual, o sea, la explotación y renovación de las infraestructuras que tenemos ahora mismo?

Yo estoy totalmente de acuerdo con Cabrera. Ésta situación puede explotar en cualquier momento y hay que tomar medidas ya.

Me gustaría finalizar, ya que estamos en la sede de la Fundación Botín y también sede del Observatorio del Agua, preguntándole que qué labor puede jugar el Observatorio del Agua de la Fundación Botín en el avance hacia ese pacto del agua que reclaman.

El Observatorio del Agua es un pequeño think-tank formado por ocho personas. Tiene un carácter interdisciplinar e internacional. Quizás una característica muy importante es nuestra independencia de juicio. No hay consignas sobre lo que es políticamente correcto.

Muchos de nuestros trabajos son “down to earth”, es decir, de grandes aplicaciones prácticas y realizados en estrecho contacto con las partes interesadas. Después de bastantes años de trabajo y de múltiples publicaciones presentadas en foros internacionales, el año pasado publicamos un libro con el título “WATER, AGRICULTURE AND ENVIRONMENT IN SPAIN: CAN WE SQUARE THE CIRCLE?”. En este libro, que se puede imprimir desde nuestra web gratis, formulamos las conclusiones principales y nuestras propuestas de soluciones. Quizás la esencial es decir que en España, un país árido de la UE, no hay problema de escasez física de agua; el problema es de gobernanza que siempre será más fácil de resolver.

Casi al mismo tiempo hemos publicado un resumen de ese libro en español con el título EL AGUA EN ESPAÑA: BASES PARA UN PACTO FUTURO. Allí pueden verse detalladas nuestras propuestas

Ahora estamos trabajando fundamentalmente en ver si nuestras soluciones para España se pueden aplicar en siete países de Iberoamérica, y parece que sí. España, con sus luces y sombras, es un laboratorio excelente para estudiar la gestión de las aguas.

Yo creo en el papel que puede jugar España en modificar la política del agua del mundo. España puede liderar dentro de la Unión Europea un campo innovador en el agua. Desde la Fundación Botín vamos a colaborar con el Gobierno y con las empresas en la medida que quieran y nosotros podamos porque tenemos muchas cosas que decir.

Las empresas españolas están en el mundo con una fuerza notable. ¿Por qué no va a estar , la comunidad científica, por lo menos la del agua, actuando de una forma similar?. Yo creo que podemos y debemos hacerlo.

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