Eurovegas, territorio e interés social

Article publicat a l’edició digital del diari El Periódico de Catalunya del passat dilluns 20 d’agost, per Agàpit Borràs, Secretario técnico de la Agrupació d’Arquitectes Urbanistes de Catalunya y asesor de la Unió de Pagesos.

El Parc Agrari del Baix Llobregat, en el que se alzaría el complejo lúdico, es una infraestructura crítica

«Estudiaremos el proyecto Eurovegas, pero el Parc Agrari del Baix Llobregat no se toca». Esta podría haber sido la respuesta de la Generalitat. Porque son terrenos calificados de parque agrario, con la máxima calificación por su valor estratégico. Hay que defender el trabajo bien hecho y el planeamiento territorial aprobado por la Generalitat, que en este caso tuvo una amplia participación ciudadana.

En Catalunya solo producimos el 40% de lo que consumimos. El resto tenemos que importarlo, con el correspondiente gasto energético. El delta del Ebro, el del Llobregat y el del Ter / Fluvià / Muga son tres sistemas agrarios de una importancia estratégica fundamental para el país. La situación del Parc Agrari del Baix Llobregat, en el área metropolitana de Barcelona, refuerza la centralidad de estos terrenos y los hace aún más imprescindibles.

Más allá de aspectos laborales, legales y sociales del proyecto Eurovegas, que solo se han explicado a cuentagotas, vaya donde vaya finalmente la propuesta, el daño ya está hecho. La Generalitat ha ofrecido terrenos del parque agrario al magnate estadounidense Sheldon Adelson, y devaluar así el planeamiento aprobado genera una degradación de valores que afecta rápidamente a toda la planificación del territorio. La incertidumbre y la frustración que esto ha generado en el campesinado son muy graves. Incertidumbre y frustración que también se extienden entre los arquitectos que nos dedicamos al planeamiento.

La cantinela de los puestos de trabajo ya la oímos hace unos años. Los ayuntamientos que se volcaron en hacer urbanizaciones durante los años 70 y 80 recalificando suelo no urbanizable también aludieron a los puestos de trabajo y al interés público y social. En lugar de hacer crecer las ciudades con calles y plazas, se pisó el territorio. Se crearon nuevos puestos de trabajo, pero las urbanizaciones, que borraron del mapa bosques y cultivos, hoy no son asumibles por los ayuntamientos por los elevados costes de mantenimiento. En el fondo, alguien se enriqueció pero el territorio se empobreció. Y como se dice popularmente, eso fue pan para hoy y hambre para mañana.

Digámoslo bien claro: el interés público y social reside en los valores culturales, productivos y económicos del Parc Agrari del Baix Llobregat, que aseguran la reserva de alimentos para la población de Catalunya, y no en los hoteles, casinos y apartamentos que quiere construir el señor Adelson , que responden a los intereses privados de los accionistas de su empresa.

Los parques agrarios que define el planeamiento territorial de Catalunya –y más que debería haber– forman parte de la llamada infraestructura crítica, es decir, aquellos elementos imprescindibles para el funcionamiento de un país y de un territorio –en este caso, la producción de alimentos– para evitar así la dependencia del exterior en un sector tan básico como la alimentación-. Dada la actual situación económica mundial, hoy esta infraestructura crítica en Catalunya es más necesaria que nunca.

El señor Adelson, con sus propuestas, ha generado en el mundo clusters y enclaves aislados que poco tienen que ver con las ciudades y sus entornos. Estos enclaves aislados no se ajustan al modelo del reciente planeamiento territorial de Catalunya, que se ha preocupado de velar por la continuidad de los tejidos urbanos existentes. ¡Qué lejos está el señor Adelson de la cultura urbanística y del pensamiento utópico de Cerdà y de los trabajos de Rubió i Tudurí en defensa de los valores culturales, sociales y naturales del territorio y de la despensa cerca de casa, como dice la sabiduría popular! Esos clusters cerrados recuerdan los modelos que defendían los miembros del Urban Land Institute cuando vinieron a Barcelona, en los años que Oriol Bohigas era concejal de Cultura, para explicar los grandes centros comerciales de las ciudades norteamericanas, desconectados de los tejidos comerciales de los pueblos vecinos.

«¿El secreto de la buena cocina?», Se preguntaba Ferran Adrià hace unos años. «Productos frescos del día de al lado de casa», era su respuesta. En la época de mis abuelos, los campesinos eran referentes de la sociedad, y también había cocineros. Hoy solo se habla de cocineros, pero también hay campesinos. ¿Dónde están los campesinos? Trabajando cada día para ofrecer productos frescos del día de al lado de casa. Me gustaría oír al mejor cocinero del mundo defendiendo el Parc Agrari del Baix Llobregat, una de las zonas de cultivo más sobresalientes de Catalunya.

Somos lo que sembramos, dicen los campesinos, y con tanta o más razón también lo podemos decir todos. Si destruimos el tejido agrícola de Catalunya, destruimos nuestra historia y nuestra identidad. No me gustaría repetir lo que escribió Simone Weil en La prima radice, en1949: «La pérdida del pasado, colectivo o individual, es la gran tragedia humana; y nuestro pasado lo hemos tirado a la cuneta como aquel chico que destroza una rosa».

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