Bruselas pugna con los países para ampliar las revisiones a nucleares

Notícia publicada a l’edició digital del diari El País d’avui diumenge 1 de juliol, per Rafael Méndez.

La Comisión plantea otras 10 visitas a centrales, entre ellas Garoña y Trillo
Recelo en los Estados, que dieron por cerradas las pruebas pos-Fukushima

La Comisión Europea pretende reabrir las pruebas de resistencia a las centrales nucleares. Ante la reunión que se celebra mañana y pasado en Bruselas del grupo de los reguladores nucleares y los Veintisiete (Ensreg), Bruselas ha repartido una lista de 10 centrales en seis países que, en su opinión, deberían ser visitadas para comprobar la respuesta a Fukushima, según fuentes próximas a la negociación. Estas se sumarían a las 15 ya visitadas hasta abril. En la lista provisional, sujeta a cambios, están Trillo y Garoña. El problema es que la mayoría de los países ya dieron por cerradas las pruebas de resistencia y consideran que la reapertura puede ser una injerencia de la Comisión Europa, sin competencias para inspeccionar nucleares.

El comisario de Energía, el alemán Günther Hermann Oettinger, tuvo un papel destacado en la crisis de Fukushima. El 15 de marzo de 2011, cuatro días después de que un tsunami arrasara la nuclear japonesa, declaró: “La situación tras el accidente nuclear en Japón es apocalíptica”. Oettinger, uno de los pocos comisarios que aún conserva el apoyo de su Gobierno, procede de Baden-Wurtemberg, el Estado clave en el que semanas después de Fukushima ganaron Los Verdes. Así que, pese a no tener competencias, la Comisión impulsó un programa de inspecciones. Los países aceptaron y equipos de los reguladores nucleares visitaron centrales de otros países y, para garantizar la independencia, analizaron los resultados que cada país presentaba. En total fueron visitadas 15 centrales, que suman 38 reactores, de los 147 que hay en la UE.

Uno de esos equipos visitó los dos reactores de Almaraz (Cáceres). España presentó sus resultados en diciembre, según los cuales las centrales deberán invertir cientos de millones en construir un nuevo edificio en cada planta que sirviera como resguardo a los trabajadores en caso de accidente grave. Además, las eléctricas pagarán un centro único de respuesta a una emergencia con personal disponible todo el tiempo.

Ahora, cuando hay que empezar a poner en marcha las mejoras, la Comisión considera que habría que hacer visitas adicionales. No les llama inspecciones porque no tiene competencias. Y ha repartido una lista informal para debatirla el martes en Ensreg, el grupo en el que están los reguladores y los Veintisiete. Con Almaraz, en teoría las visitas cubrían a las centrales de esa tecnología en España (Vandellòs II, Ascó I y II y Cofrentes). Sumadas Garoña y Trillo habrían sido revisadas centrales de todo tipo de tecnología.

La lista, en la que hay tres centrales francesas (Fessenheim, Cattenom y Chooz), una checa, una sueca, una alemana, dos británicas y las dos españolas, ha generado sorpresa entre los Estados. Además, otras dos se podrían añadir en el debate, según fuentes próximas a la negociación.

Una portavoz de la Comisión afirma que hay negociaciones y recuerda que ampliar las revisiones fue un acuerdo de abril, cuando presentó los resultados de las pruebas de resistencia. Esta afirma que entonces no se analizaron más plantas por la premura para terminar los trabajos.

Pero hay países que recelan de la propuesta de la Comisión. Hay quien ve en la lista mucha política. Fessenheim, por ejemplo, está en la frontera con Alemania y es la única nuclear que François Hollande se ha comprometido a cerrar en su mandato. Que el comisario de Energía sea un alemán del partido de Merkel —que ha protagonizado un viraje antinuclear tras Fukushima— no ayuda.

Los países consideran que tienen difícil negarse a recibir las visitas, sin que se interpretara como falta de transparencia. A su vez, no está claro que estén obligados. El Consejo de Seguridad Español, por ejemplo, no depende del Gobierno, sino del Parlamento. Así que su dependencia de la Comisión Europea es dudosa.

Marcha atrás en la cúpula de Enresa

Los nombramientos en la cúpula de Enresa, la empresa pública que construirá el almacén nuclear, no han podido ser más accidentados. Tras una soterrada pugna entre Dolores de Cospedal —que quería en la presidencia a un hombre de su confianza, Francisco Gil-Ortega— y el Gobierno —que quería al catedrático Adolfo Cazorla— se zanjó aparentemente en empate. La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) anunció públicamente el 28 de mayo que Gil-Ortega sería el presidente y Adolfo Cazorla el consejero delegado.

Sin embargo, ante la dificultad para delimitar las funciones entre uno y otro, finalmente Cazorla será solamente consejero. Gil-Ortega, el hombre de Cospedal, fue designado presidente de Enresa el pasado lunes, casi seis meses después de que el Gobierno eligiera Villar de Cañas como sede del almacén nuclear.

Gil-Ortega es licenciado en Químicas, fue alcalde de Ciudad Real y hasta ahora era vicepresidente de las Cortes de Castilla-La Mancha. En el Ejecutivo hay quien prefería un perfil más técnico para una obra de 770 millones de euros de inversión. Por eso el secretario de Estado de Energía pugnó por Cazorla, y hasta anunció oficialmente que sería consejero delegado.

La duplicidad de cargos en la empresa pública casaba mal con los mensajes de austeridad y además amenazaba con una agitada tramitación del almacén nuclear si no quedaban muy claras las funciones. Cuando en diciembre Cospedal aceptó el almacén nuclear en Cuenca, reclamó nombrar al cargo que dirigiría la obra, la más polémica en la región. Lo ha logrado.

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