La incipiente sequía: ¿bendición o maldición?

Article publicat al portal iAgua.es d’ahir dilluns 9 d’abril, per M. Ramón Llamas, de la Real Academia de la Ciencia.

Desde hace unas cuantas semanas los medios de información vienen insistiendo en que atravesamos un periodo de sequía, pues desde el otoño las precipitaciones son muy inferiores a la media. Probablemente casi nadie que lea esas noticias piense que esta situación pueda ser una oportunidad. La mayoría de esas personas no se ha percatado de algunos importantes cambios que se han producido en las últimas décadas. Estos cambios permiten enfocar los tradicionales métodos de mitigar las sequías de forma nueva. Esta incipiente sequía puede ser una bendición en el sentido de facilitar la implementación de esos cambios.

En nuestro clima mediterráneo las sequías son un hecho recurrente, aunque no periódico; es casi imposible que pasen dos o tres décadas sin que se hayan dado varios años de sequía; pero no se sabe en qué orden se van a producir. La sequía actual es solo incipiente pues no tiene ni un año de duración. Es una sequía que prácticamente sólo afecta a los cultivos de secano, a los prados y pastizales, y las zona de bosque y matorral. Los abastecimientos urbanos, las industrias y los regadíos no padecerán escasez pues los dos años anteriores fueron húmedos y hay reservas en los embalses superficiales y en los acuíferos. Los agricultores de secano y ganaderos pudieron haber contratado un seguro para protegerse contra esta contingencia, pues España es uno de los países que mejor tiene organizado el sistema de seguros agrarios, incluyendo entre sus coberturas las que cubren contra los impactos de la sequía. En el caso de que se produzca una sequía de larga duración, como ocurrió al principio de los años noventa, las reservas de los embalses superficiales se agotan. La solución en parte está en las aguas subterráneas pero más todavía en la importación de materias primas agrarias (que tienen un coste económico reducido y un gran contenido en agua virtual) como ha sido claramente puesto de manifiesto en numerosos y recientes trabajos del Observatorio del Agua de la Fundación Botín.

Es importante saber que en España el valor económico de la agricultura, incluida la ganadería y la pesca, apenas llega al 3% del Producto Interior Bruto (PIB). Los cultivos de secano representan poco más del 1 %.del PIB. En otras palabras el impacto económico de la incipiente sequía apenas afectará al PIB del año 2012. Esta es la situación actual pero hace medio siglo la agricultura representaba del orden de 20-25 %del PIB; y un año de sequía tenía consecuencias económicas importantes. Otro ejemplo de cambio notable es que hoy la participación del Turismo en el PIB es el triple que la del sector agrario y hace medio siglo era casi nula. La importancia del Turismo español se debe en buena parte a nuestro clima mediterráneo con sus frecuentes cielos azules y sus sequías.

Los medios también han recordado recientemente la “reprimenda de Bruselas” al Reino de España por tener una tarifas de agua bajas, lo cual va en contra de la Directiva Marco del Agua aprobada ya en el año 2000 por la Unión Europea. Esas bajas tarifas son una causa importante tanto del despilfarro en los regadíos como de las excesivas pérdidas de algunas redes de abastecimiento urbano.

Desde el año 2005 todos los Municipios con más de 2000 habitantes estaban obligados a elaborar su respectivo Plan de Emergencia por Sequía pero parece que muchos de ellos todavía no lo han redactado. La preocupación actual del Gobierno por la sequía debería acelerar la terminación de esos Planes. Todavía en la mayor parte de los planes de emergencia ya realizados no se considera adecuadamente el papel que deben jugar las aguas subterráneas para la mitigación de las sequías. Ello es debido a la caótica gestión de las aguas subterráneas en España desde la Ley de Aguas de 1985. Esto lo puso de manifiesto el PROYECTO AGUAS SUBTERRANEAS (PAS) que la Fundación Botín terminó en el 2003. Poco se ha avanzado desde entonces.

En resumen, esta incipiente sequía también será una bendición si cataliza de nuevo un interés efectivo del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente por las aguas subterráneas, por el agua virtual y por conseguir unas tarifas apropiadas para el uso del agua.

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