Ángel Simón, presidente de Agbar: “Los suministradores no vendemos agua, prestamos un servicio”

Entrevista a Ángel Simón, president d’Agbar, recollida al portal iAgua.es d’avui dilluns 26 de març, desprès de ser publicada a la revista InfoAgbar.

El 22 de marzo se ha conmemorado el Día Mundial del Agua. ¿Cómo contribuye Agbar a alcanzar los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas en cuanto al acceso al agua y saneamiento de una población mundial que crece aceleradamente?

El compromiso con la sociedad es uno de nuestros pilares y un objetivo por el que trabajamos cada día. Respecto a la reducción a la mitad del porcentaje sin acceso al agua potable, los datos muestran una mejora en los últimos años que pueden traducirse en el cumplimiento del objetivo marcado para el año 2015. No así para el objetivo de saneamiento donde deberán realizarse grandes esfuerzos para su consecución. De hecho, al ritmo de avance actual, hasta el año 2049 el 77% de la población no tendrá inodoros con descarga de aguas u otro tipo de saneamiento.

En Agbar tenemos este compromiso en nuestra actividad cotidiana, y especialmente en las actividades que desarrollamos en países como la India, el Senegal, Latinoamérica…, y, por supuesto, dentro de nuestro propio territorio.

¿Esto representa una voluntad de actuar globalmente, en cualquier lugar del mundo?

Nuestro cliente local sabe que con una empresa global, como Agbar, tendrá mejor servicio y acceso a tecnologías. La visión global de nuestras actividades nos permite trabajar en red: una mejora realizada por Agbar en Estados Unidos es automáticamente aplicable en cualquier territorio donde operemos.

Esa presencia global y el trabajo en red aportan eficiencia, tecnología, calidad y mejor servicio al cliente. A través de Aqualogy, que es nuestra plataforma tecnológica y de conocimiento, podemos exportar nuestro conocimiento y experiencia a otros lugares del mundo. Esta globalidad formada por la suma de distintos puntos locales constituye una red en la que cada lugar es un nodo: ello nos permite pensar en global y beneficiar a cada cliente local.

El agua es motivo de debate frecuente y cada vez surgen más voces contra la privatización…

Es importante dejar claro que en España el agua ni se vende ni se privatiza. Sin duda, esta expresión forma parte de un lenguaje que se ha popularizado y nos ha contaminado a todos cuando hablamos de privatizaciones en el sector del agua.

El agua es un bien de derecho público según se establece en la Ley de Aguas del 2006. Por lo tanto, lo único que se puede hacer es encargar a un operador privado la gestión del tratamiento, transporte, suministro, garantía de calidad, depuración y reutilización.

El derecho y la titularidad del agua en España pertenecen a la Administración. Los operadores gestionan el agua de manera eficiente para que llegue a los usuarios siguiendo las pautas que le marca la Administración Pública. La prestación de este servicio se remunera a través de la tarifa que aprueba el regulador. En definitiva: el agua en España es pública.Últimamente se habla, de manera inexacta, de “privatización” de empresas públicas, cuando, realmente, se hace referencia a modelos de colaboración público-privada. Por ejemplo, en el caso del Canal de Isabel II, la Comunidad Autónoma va a seguir teniendo el 51% de participación, por lo que va a continuar manteniendo el control. Parece ser, puesto que no ha salido ningún documento oficial por parte del Canal, que la gestión seguirá siendo pública, pero con la entrada de capital privado.

¿Por qué razón cree que se relaciona esa privatización con la subida de tarifas?

La participación de un socio privado o tecnológico en la gestión pública del agua no implica una subida de tarifas. Si esto se produce es porque esas tarifas no cubrían los costes de la prestación del servicio o porque en la gestión anterior no se aseguraba el equilibrio económico financiero.

Por lo tanto, no existe correlación directa entre el incremento de tarifas y la presencia de un operador privado.

El grupo opera en más de mil municipios de España y en más de diez países ¿interesa crecer participando en sociedades públicas que deseen contar con un socio privado?

El sector del agua es nuestro sector de actividad y nuestra especialidad. Por eso hemos lanzado Aqualogy como empresa global de soluciones integradas del agua que permitan trasladar nuestra experiencia allí donde resulte útil. Dicho esto, obviamente, vamos a estudiar cualquier tema de agua que se nos presente en los territorios en los que actuamos. Vamos a estudiar en qué condiciones se plantea una posible participación, cuál va a ser el acuerdo entre accionistas, la capacidad de influencia, el retorno del capital, el programa de inversiones, la tarifa….

¿Qué premisas básicas cree que deberían tenerse en cuenta para impulsar la participación público-privada?

Lo más importante, cuando se trata de empresas públicas, es pensar por qué se quiere ir a un modelo de participación público-privada.

Puede ser porque, de esta manera, se consigue una mejora en la gestión del servicio. Es el caso, por ejemplo, de las diez ciudades turísticas más importantes del país, de las que gestionamos siete: Barcelona, Calvià, San Bartolomé de Tirajana, Arona, Torremolinos, Benalmádena y Benidorm. Estos municipios, donde el sector turístico es uno de los principales motores económicos, deben garantizar la seguridad y calidad del suministro.

En otros casos, probablemente, puede haber más o menos satisfacción con la gestión, pero tal vez se vea en ella una ocasión de mejorar sus finanzas. Podrían hacerlo directamente sin dejar de ser empresas totalmente públicas: subir las tarifas, poner un canon… pero creo que se prefiere eludir el riesgo de hacerlo directamente.

Es esencial que, desde el sector público, cuando se encargue la gestión a un operador privado, se tengan muy claros los motivos de esta colaboración. Éstos deberían centrarse en la búsqueda de eficiencia en la gestión, donde el operador privado podrá aportar su conocimiento y tecnología. Si el motivo sólo es económico, no vale la pena.

Por otro lado, los modelos de colaboración público-privada tienen que estar bien hechos y bien pensados. Esto es todavía más importante en los de mayor dimensión. Hay que evitar que después haya sorpresas, que el pliego de condiciones ofrezca garantías jurídicas.

Seguridad jurídica, en España, siempre ha habido, en términos generales. Es verdad que los tiempos son difíciles y, por lo tanto, nunca estás exento de que surjan tensiones puntuales. Esto nos puede pasar en España o en otros países que también son jurídicamente seguros. Asimismo es cierto que, a veces, en los ayuntamientos más pequeños es donde puede surgir algún que otro problema.

¿Podemos hablar de un precio adecuado del agua en España?

Lo que existe es el coste de un servicio con una determinada calidad. La decisión que se ha tomado en la mayoría de las Comunidades Autónomas ha sido no traspasar todo el coste de este servicio al usuario y, por lo tanto, aplicar una política de subvenciones de escasa o nula eficiencia desde un punto de vista empresarial. Y, como las subvenciones muchas veces no llegan íntegramente desde el presupuesto general, hay déficit en las administraciones públicas.

El modelo chileno, económicamente muy pensado, significa traspasar un cien por cien de los costes al usuario. Eso les ha permitido conseguir el saneamiento del cien por cien de las aguas residuales en diez años, cuando en España ha costado treinta.

El precio del servicio del agua soporta por una parte costes fijos (amortización de las infraestructuras, de personal, etc.) y por otra, costes variables (precio del metro cúbico de agua, energía eléctrica, productos químicos, etc.). El 85% del coste del servicio es fijo, por esto, cuando se reduce el consumo, es por una cuestión de sostenibilidad y de uso de recurso escaso, no para pagar menos. Si se referencia este coste fijo a la renta familiar, en Chile representa un 1’4% y en España, un 0’6%. En general nadie sabe lo que paga de agua porque no es un coste relevante. Por lo tanto, el precio óptimo sería, y así es como se debería hacer, el que resulte del traspaso de todos los costes al usuario final.

¿La solución pasaría por un cambio de modelo de regulador, como se ha apuntado recientemente desde el Gobierno?

En España es frecuente confundir el regulador con el gestor, porque las Comunidades Autónomas son reguladoras y gestoras. La mayoría gestionan la depuración, pero a la vez son las que fijan la tarifa, establecen las condiciones con las que se tiene que gestionar y, cuando fijan el precio, le piden a la suministradora de agua que repercuta ese precio al consumidor. Por lo tanto, hay un complicado equilibrio entre regulador y gestor, que además es controlador de la empresa privada. Es decir, hay una tensión permanente por el recibo del agua entre las distintas partes. El regulador tiene que regular y dejar de gestionar.

La integración de reguladores es buena porque será más eficiente. Si solamente hay un organismo y los técnicos específicos, ganaremos en eficiencia tanto los organismos e instituciones del Estado como las empresas privadas. Las empresas dedicamos mucho tiempo al regulador; muchas veces por la propia ineficiencia de éste.

¿Qué alternativas ve a una posible repercusión de costes?

No quedará más alternativa que repercutir el coste total al usuario. Los presupuestos del Estado no pueden subvencionar los temas del agua. Ahora bien, eso exige reflexionar sobre si se hace de golpe o paulatinamente.

La reflexión que deberíamos hacer no es solamente si debemos trasladar al usuario los costes, sino cómo realizar una gestión más racional y eficiente. Promover una integración vertical de todo el ciclo integral del agua permitiría obtener sinergias.

Además, en España tenemos modelos absolutamente distintos: por ejemplo, en Madrid opera únicamente el Canal de Isabel II, pero en Cataluña, Andalucía o Murcia, conviven varios operadores públicos y privados que se distribuyen desde la traída de aguas hasta la reutilización. Por lo tanto, no sólo hay que repercutir los costes, también hay que ordenar el sector.

Asimismo, la desagregación del mercado hace que el sector sea menos eficiente y competente. En Chile o Inglaterra, las empresas suministradoras están agrupadas por regiones y con integración vertical; eso crea una eficiencia mucho mayor.

El Ministerio de Agricultura ha reclamado un gran pacto del agua. ¿Qué opinión le merece la propuesta?

Obviamente es un tema controvertido en el que no hay una solución única. Desgraciadamente, el agua ha estado en primera línea política demasiado tiempo y esto hace que cueste mucho más encontrar soluciones. Radicalizar posturas en este tema lo único que hace es impedir que se avance hacia soluciones razonables.

Lo primero que tendríamos que hacer es estudiar las cosas de manera permanente, en especial cuando se trata de grandes infraestructuras de alto coste económico y que desde que se deciden hasta que se terminan pasan al menos diez o veinte años.

Es obvio que debemos estudiar de manera permanente si hay que interconectar cuencas, desalar, reutilizar,… Lo que no se puede hacer es, en un determinado periodo político, detener las interconexiones entre cuencas o trasvases y, en otro, frenar la desalación, por ejemplo.

¿Por dónde pasaría la solución para el llamado “problema del agua”?

En España existe una gran diversidad territorial con características distintas en lo que respecta al agua. En los territorios mediterráneos es obvio que la solución final debería ser una combinación de las distintas soluciones; reutilización, desalación e interconexión de cuencas.

La reutilización es una obligación moral de una sociedad desarrollada en su apuesta por la sostenibilidad. Tenemos la tecnología suficiente para reutilizar nuestras aguas. Lo hemos hecho toda la vida. Este país tiene una tecnología de reutilización puntera y pionera en el mundo.

Las desaladoras son una solución parcial.

Sin duda, y como en todo, hay que saber cuál es el tamaño adecuado y su potencial grado de utilización. La desalación ha sido la solución para Canarias desde el año 1967 y para Palma de Mallorca desde los ochenta, y lo es parcialmente para determinadas poblaciones costeras.

La opción de la interconexión de cuencas permitiría equilibrar el abastecimiento de agua entre cuencas deficitarias y otras que son excedentarias, teniendo en cuenta que la sequía no es uniforme en todo el país. En los ámbitos del gas y la electricidad estamos interconectados territorialmente. ¿Por qué lo aceptamos en la energía eléctrica y no en el agua? ¿Por qué en épocas de exceso o en épocas de carencia no pueden interconectarse esas cuencas? Yo creo que ésa va a ser la lógica que tendríamos que seguir.

Vivimos un periodo en el que se empieza a hablar nuevamente de sequía en diversas zonas del país…

La falta de agua nos afecta a todos. La ciudadanía exige soluciones ante la falta de agua sin tener en consideración aspectos meteorológicos, es decir, llueva o no. En episodios de sequía el ciudadano supone que no se han tomado las medidas adecuadas.

En esa situación ¿a quién asignas las responsabilidades? En tanto que son competencias compartidas entre el Estado, la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento… al final, el cliente no sabe quién es el responsable,… ¿la Administración, el suministrador de agua?

En términos económicos, el 85% de los costes de la prestación del servicio son fijos y, si el consumo llegara a ser cero por falta de recurso derivado de la sequía, esos costes continuarían existiendo independientemente de que fuera una empresa suministradora privada o pública. Los suministradores no vendemos agua, prestamos un servicio que tiene unos costes fijos determinados.

¿Contempla oportunidades de crecimiento por la vía de nuevas concesiones?

En estos momentos, el acceso a financiación en el mercado de capitales está muy complicado y las empresas que en un determinado momento nos pudieron interesar, como eran las brasileñas, ahora no van a salir al mercado. No van a salir porque una empresa como la de São Paulo, por ejemplo, suministra a unos 25 millones de habitantes y el coste que puede tener su compra, ni que sea del 49%, es prácticamente seguro que nadie está dispuesto a asumirlo.

Por lo tanto, la línea de crecimiento está en la oferta de soluciones integradas y tecnologías del agua que es lo que estamos haciendo con Aqualogy. Lo estamos desarrollando en Brasil, en Perú y en determinados sitios de España. Ésa va a ser la tendencia del futuro. Este es un modelo en el que nos sentimos cómodos y dentro de esa línea de Aqualogy vamos a intentar llegar a distintos territorios del mundo donde tengan necesidad de mejorar la gestión del agua. Nuestro crecimiento no pasa en estos momentos por realizar inversiones intensivas de capital, sino en desarrollar actividades para mejorar la gestión y ganar eficiencia mediante tecnologías y conocimiento.

¿Por dónde pasa entonces la estrategia de futuro?

La estrategia de futuro pasa por el crecimiento fuera de España. Y es lo que hemos ido haciendo. Pero esto solamente funciona con innovación y conocimiento. La globalización es la solución, pero quien no haya empezado a globalizarse desde hace tiempo no lo va a poder hacer. Sólo tenemos una alternativa para mantener resultados: crecer en el exterior, y en especial en Estados Unidos, donde esperamos facturar en breve unos quinientos millones con soluciones y tecnologías, a través de Aqualogy. Sin dejar de explorar nuevos mercados, será en Estados Unidos donde vamos a testar la innovación que llevamos tiempo desarrollando y analizar cómo la acoge el mercado.

Tal vez el término resulte un tanto manido, pero ¿podría decirse que se trata de una actitud emprendedora?

El emprendedor siempre ha sido la punta de lanza de la sociedad y saldremos de la crisis si nuestra actitud es de emprendedor. Y entiendo por emprendedor aquel que siente pasión por un proyecto, que lleva a que se materialice y salga adelante, que pone los medios personales para que se cumpla, con su propio capital o el de otros. Los ejecutivos somos emprendedores que sentimos pasión por un proyecto. Ser emprendedor es una actitud sin la cual no saldremos adelante. Y esa actitud es la que tenemos muchos de nosotros en nuestra actividad diaria.

España tiene un potencial que muchas veces es poco conocido a nivel global: la capacidad de los gestores empresariales, de los ejecutivos. Como país nos falta capital propio para emprender determinados proyectos; pero, en cambio, tenemos suficientes gestores para gestionar capital internacional, en nuestro propio país o fuera. Creo que tenemos que dar más valor a ese capital humano, porque muchas de las compañías multinacionales se sirven de él y recurren a nuestro conocimiento.

El proyecto Aqualogy está muy vinculado a la I+D+i. ¿Es posible mantener ahora un esfuerzo sostenido en esta actividad?

Siempre hemos impulsado la investigación y de manera más decidida desde el año 2006. Pero un modelo con “i” minúscula. Tenemos un problema: si bien la “i” mayúscula creo que este país la hace muy bien, tenemos un gran trecho entre la “i” mayúscula y “i” minúscula, que representa aquello que eres capaz de monetizar porque el mercado te lo acepta.

La evolución en este aspecto no pasa, en nuestro criterio, por la creación de grandes centros de investigación. Lo importante para desarrollar la innovación es destinar recursos para innovar sobre el terreno. Por lo tanto, ¿dónde tenemos nuestros centros de investigación? Los de agua residual en Chile, los de reutilización en Barcelona, los de tecnologías de medición en Andalucía… Los esfuerzos en la “i” minúscula los tenemos distribuidos en distintos nodos de una red que forma la innovación.

La investigación, la innovación… ¿no están reñidos con los recortes presupuestarios que se observan en todos los sectores?

Hay que reducir costes porque hay que ser eficientes. La tecnología permite hacer más con menos recursos. Es algo que debe hacerse siempre, no sólo en periodos de crisis: aumentar la inversión en investigación, en desarrollo y, sobre todo, en innovación. Reducción de costes e inversión en tecnología son dos caras de una misma moneda. Por eso mantenemos fuertes inversiones en este ámbito:, el 1’20% de nuestros ingresos, frente a una media del 0,5% en el conjunto de la industria española.

Eficiencia hay que tenerla siempre. Pero lo que no se puede hacer es reducir el presupuesto para innovación. Es decir, nosotros no lo hemos disminuido sino que lo aumentamos y lo vamos a seguir aumentando. Sobre todo porque, si nuestra apuesta es Estados Unidos, donde vamos a introducir nuevas soluciones tecnológicas, lo que tenemos que hacer es crear más productos e invertir más en innovación.

Ahora bien, nosotros ofrecemos tecnología asociada a las personas de una organización que intentamos estructurar y hacer funcionar como nodos de una red. Lo importante no son los headquarters, sino las diferentes personas que tenemos en esos nodos y el esfuerzo por generar desde Agbar un conocimiento.

Incluso proyectarlo al exterior mediante masters de la propia empresa con las universidades Politécnicas de Cataluña y Madrid, con la Universidad Católica de Santiago de Chile y en el futuro con la Universidad de San Diego en California. El resultado es un mix entre innovación, personas y globalización.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s