El agua es un derecho, no es mercancía pero tampoco debe ser gratis

Article publicat al portal digital Ambiental y Cual del diari La Voz de Galicia, d’ahir dijous 22 de març, per Javier Sanz.

Cuando estamos padeciendo –aquí en Galicia- una de las mayores sequías que recuerdan los viejos del lugar, es refrescante celebrar hoy el Día Mundial del Agua, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y vinculando este año 2012 el agua y la seguridad alimentaria. Que el uso del agua para el consumo humano es algo prioritario frente a otras utilidades es muy claro, así se plasma en el art. 60 de la vigente Ley de Aguas al establecer en el orden de preferencias de usos en la concesión de aprovechamientos, en primer lugar el “abastecimiento de población” (al que siguen “regadíos y usos agrarios”, “usos industriales para producción de energía eléctrica”, etc.).

La disponibilidad de agua para la alimentación, la higiene y la salud es una prioridad absoluta en nuestro país y han de ser las políticas municipales –en virtud de su obligación legal de abastecimiento- las encargadas de garantizar su efectividad. Lo que no se reconoce en España es el derecho subjetivo a exigir una determinada dotación de agua.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en España el consumo promedio de agua (facturada) se situó en 2001 en 165 litros por habitante y día (o 60 m3/año). Lo cual parece superar el mínimo recomendado por nuestra legislación: “La dotación de agua deberá ser suficiente para las necesidades higiénico-sanitarias de la población y el desarrollo de la actividad de la zona de abastecimiento, como objetivo mínimo debería tener 100 litros por habitante y día” (art. 7, párrafo segundo del Real Decreto 140/2003, de 7 febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano).

Si abrimos nuestra mirada al resto del mundo el panorama es bastante preocupante. La falta de agua es una de las principales causas de las hambrunas y de la malnutrición, y la falta de disponibilidad de agua potable (hay 800 millones de personas en el mundo que no la tienen) es una de los más importantes motivos de mortalidad infantil en el mundo. A lograr una mejor gobernanza del agua se ha dedicado el 6º Foro Mundial del Agua, que se acaba de celebrar en Marsella los pasados días 12 a 17 de marzo. Han sido muy intensos estas jornadas, con la asistencia de más de 20.000 personas procedentes de más de 170 paises y en representación de gobiernos, parlamentos, entidades locales, organizaciones no gubernamentales, etc. Tras los cinco Foros de diagnóstico y debate -celebrados en la referida ciudad francesa- sobre los grandes problemas internacionales relativos al agua, la sexta edición (bajo el lema “Tiempo de soluciones“) ha estado orientada hacia varios compromisos y prioridades de acción: “Garantizar el bienestar de todos” (garantizar el acceso al agua para todos y el derecho al agua, Mejorar la higiene y la salud gracias al agua…), “Contribuir al desarrollo económico” (equilibrar los diferentes usos del agua mediante una administración integrada, armonizar agua y energía…), “Mantener el planeta azul” (mejorar la calidad de los recursos hídricos, ajustar las presiones y las huellas de las actividades humanas en el agua…).

Hay interesantes documentos que pueden consultarse en la web del Foro Mundial del Agua como la “Declaración Ministerial” -a la que Bolivia no se ha adherido- proclamada el pasado 13 de marzo y que sin duda servirán de pauta para la Conferencia de Rio+20 en junio próximo. Pero no han faltado críticas por parte del Foro Alternativo Mundial del Agua (FAMA) celebrado a la par que el 6º Foro, acusándo a este de haber sido promovido por las sociedades multinacionales y el Banco Mundial que pretenden apropiarse de la Gobernanza mundial del agua. El “agua no es mercancía” es el gran lema del Foro Alternativo.

Estamos de acuerdo que el agua -que es un bien de todos y un bien de extraordinaria importancia para nuestra subsistencia- no debe ser apropiado por los intereses privados para hacer un magro negocio, particularmente cuando y donde es escasa. Pero al mismo tiempo, estoy convencido que, al menos en nuestro país, la única manera de gestionar adecuadamente nuestros recursos hídricos -que son limitados- debe de hacerse bajo mecanismos financieros en los que se repercuta -de forma proporcionada- al consumidor lo que cuesta extraer, depurar, almacenar y transportar tan valioso y vital patrimonio natural. Solo así se podrá racionalizar su consumo.

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