El latido de los ríos

Article publicat al portal iAgua.es d’ahir diumenge 18 de març, per Narcís Prat (profesor de la Universidad de Barcelona).

El gráfico de la cantidad de agua que un río lleva a lo largo del año, expresado como el promedio diario en m3/s se asemeja al de un electrocardiograma que indica los latidos de un corazón. A diferencia del corazón humano (de latir rítmico y constante), los ríos laten de forma irregular y con más o menos intensidad según las estaciones del año. Este latido es además diferente según el tipo de río. Desde el latido profundo del Amazonas que por seis meses sube de nivel y por otros seis baja, hasta el latido casi imperceptible de los ríos que surgen de fuentes con caudal constante como la fuente de la eterna juventud que buscaba Ponce de León. En España muchos ríos tienen un régimen de tipo mediterráneo, con un latido intenso en una época y casi imperceptible en otra. El latido natural de los ríos es la esencia de su personalidad, cada río tiene su latido propio y cambiarlo significa cambiar su personalidad, es decir modificar totalmente su flora y fauna.

El latido natural de los ríos ha sido cambiado recientemente por el hombre con la construcción de embalses y el uso del agua intensivo del agua. La regulación de los ríos por los embalses ha variado tanto la magnitud del latido como su pulso. Esencialmente los embalses disminuyen los caudales máximos y regularizan los caudales mínimos, en última instancia pueden llegar a dejar el río con un caudal fijo todo el año. Pero esto es muy variable y depende de cómo funcionen los embalses. Obsérvese por ejemplo lo que le pasó a la cabecera del Ebro cuando se construyó el embalse que lleva su nombre que se usa para regular el río y poder regar…

Cambios en el caudal del río Ebro en su cabecera antes (azul) y después (rojo) de la construcción del embalse del Ebro. Obsérvese como el latido del río ha sido totalmente invertido (gráfico realizado por R. Sánchez).

El uso del agua (y muy especialmente la creación de grandes polígonos de irrigación) disminuye el caudal del río, lo cual es especialmente grave en época de caudales bajos cuando el río puede llegar a secarse. En última instancia un río puede quedar tan regulado que su caudal es mas o menos constante a lo largo del todo el año y en la mayor parte del año ni siquiera llega al mar. Cuando el río pierde caudal y su pulso se regulariza el río pierde su latido natural y su corazón queda a merced de los marcapasos que el hombre le impone. Un río con un pulso fijo y que no llegue al mar es un río en coma profundo, su corazón ya casi no late.

Casi hay tantos latidos como ríos en el mundo y todos los marcapasos que el hombre les introduce (embalses, derivaciones, minicentrales hidroeléctricas….) llevan al mismo lugar, el control del ritmo, su regularización, la pérdida de su identidad. Esto se contrarrestar a veces fijando unos caudales ambientales (que no ecológicos) que intentan simular el latido natural aunque sea menos intenso. Incluso a veces el hombre utiliza estos marcapasos para regenerar hasta un cierto punto el latido natural del río y trata de devolverle la vida, aunque esto no es fácil y nunca se recupera totalmente el latido perdido ni la vida que este procuraba. El latido artificial que mantenemos con nuestros marcapasos nunca podrá devolverle al río su naturalidad, aunque es evidente que si utilizamos los marcapasos con sabiduría podemos en algunos casos convivir con un río más vivo, más natural que los que ahora tenemos condenados a la UVI para siempre.

El latido del Ebro en Tortosa

¿Sabemos como era y como es el latido del Ebro en Tortosa, cerca de su desembocadura? ¿Lo hemos modificado mucho respecto al original?

Los datos más antiguos sobre el caudal diario del Ebro son de principios del siglo XX. Podemos comparar el latido del Ebro en Tortosa de aquellos tiempos con los de dos años recientes consecutivos, uno con caudales medios y otro seco.

El latido hace cien años

El latido del Ebro en Tortosa a principios del siglo XX no puede considerarse como totalmente natural, pues ya existían canales de derivación importantes, pero al no estar construidos los grandes embalses en su eje principal (Mequinenza, Ribarroja) no había una fuerte regulación de las crecidas. Se observa en el gráfico (tomado del DEA de Rafael Sánchez) como los caudales superiores a 1000 m3/s eran muy frecuentes, aunque en años secos lo eran menos que en años húmedos. Entre Diciembre y Junio el río llevaba casi siempre caudales iguales o superiores a 400 m3/seg. También se observa que cada año era un poco diferente, es la irregularidad propia de los ríos mediterráneos. Por desgracia nadie midió la salud del río en aquella época, solo sabemos que el río era muy turbio y que existían esturiones que migraban río arriba por la falta de barreras que se lo impidieran.

Los esturiones hoy han desaparecido, el río ahora casi nunca baja turbio (debido a que los sedimentos se quedan en los embalses).

Los hidrogramas actuales (los latidos) son bien diferentes. En un año relativamente húmedo (2010), el río en Tortosa tiene un latido que se asemeja a su latido natural. Hay valores máximos en invierno y otoño con caudales que llegan a superar en alguna ocasión los 1000 m3/s (pero nunca tan frecuentes como antes). De todas formas los máximos otoñales son casi ridículos comparado con la situación de principios de siglo. Esto contrasta con la situación en verano cuando los caudales no llegan a los 200 m3/s. Pocos días los caudales superan ahora los 600 m3/s y los 400 m3/s parecen ser también un límite donde el río se para frecuentemente (solo en años húmedos). Como se puede ver en las figuras, el caudal mínimo y máximo diario es en ocasiones muy diferente (no hay datos de principios de siglo de estos cambios pero seguro que nunca se duplicaban los caudales mínimos con la frecuencia que lo hacen ahora). Con un caudal elevado en el río las diferencias entre el mínimo y el máximo son escasas, igual que cuando circula poca agua. En otros casos (especialmente cuando los máximos están cerca de 400 m3/s) el río dobla su caudal entre el máximo y el mínimo a lo largo del día. ¿Nos imaginamos que a nosotros nos doblaran el ritmo cardíaco entre el día y la noche?

En el año 2011 el río pierde una parte importante de su ritmo (no hay crecidas otoñales) y los máximos en primavera son menores, no se llega nunca a los 1000 m3/s. Parece que el corazón del río se apaga.

La uniformidad del caudal durante más de la mitad del año nos hace preguntarnos si el río ha entrado en estado catatónico. En primavera vemos como el ritmo de doblar el caudal diario se mantiene con los máximos en los 400 m3/s, mientras las crecidas de la primavera de 2011 fueron poca cosa. El latido se apaga.

¿Porqué ocurre esto? ¿Quien gobierna el corazón del Bajo Ebro y marca sus pasos?. Endesa es su dueño y la que le fija los ritmos e intensidades, Endesa es la que tiene el control de los marcapasos del ritmo de la parte baja del río mediante el control de los embalses de la cuenca y muy especialmente por la explotación que hace de los embalses de Mequinenza y Ribarroja. Por otra parte los máximos se han reducido especialmente a los consumos del agua para regar (el 90% del consumo de agua de la cuenca es para riego) y a los efectos de la regulación por los embalses.

El año 2011 muestra el gran control que se puede tener del río en un año seco. En invierno el sistema todavía tenía reservas en los embalses, por ello el río mantiene durante un mes un pulso diario entre los 200 y 400 m3/s. Estos pulsos diarios sirven para generar energía de punta. Las turbinas de los embalses se ponen al máximo durante la mañana (cuando se necesita más energía) y al mínimo durante la noche. El valor inferior (200 m3/s) es el óptimo para poder refrigerar la central nuclear de Ascó sin ayudas a su torre de evaporación. En 2011 todavía hubo alguna pequeña crecida en Abril (quizás fue una crecida provocada para arrastrar macrófitos que molestan en la captación de agua de la central nuclear de Ascó), pero rápidamente se volvió al ritmo de los 400 m3/s que se fue disminuyendo ante la sequía. A partir de Junio el río entra en un latido mínimo y constante, un caudal cercano a los 100 m3/s, ya no hay ritmo, queda solo un caudal mínimo constante que es el necesario para que el uso del agua del río para refrigerar la central de Ascó no aumente demasiado la temperatura del río aguas abajo y tenga efectos importantes en su ecosistema. El corazón del río late al ritmo que le marcan los que generan energía.

Por la arteria central del Ebro el agua que fluye no es solo un líquido; como en la sangre el agua está llena de vida. Centenares de especies viven en el río desde los millones de bacterias que hay en una gota de agua a algunas nutrias que de vez en cuando se ven por el río. Miles de pájaros se alimentan de los millones de peces que hay en el río, los cuales encuentran refugio en los pocos meandros que todavía existen o entre los millones de toneladas de plantas acuáticas que crecen en su lecho. Lamentablemente las especies mas emblemáticas del río (los esturiones, las madrillas) han desaparecido o casi desaparecido del río y han sido sustituidas por especies introducidas como el siluro y el alburno. Esas especies foráneas junto a la planta Potamogeton pectinatus, una planta acuática (milflores de agua) que en primavera llena de flores blancas el río, son hoy día quienes conjuntamente con una miríada de pequeños invertebrados (entre ellos la mosca negra cuya picadura sufren los que viven cerca del río) dominan su vida. Todos ellos son los organismos propios del latido actual del río, este latido constante cuando el caudal es bajo y en años secos, con grandes fluctuaciones diarias y con crecidas moderadas en los caudales medios y crecidas limitadas y poco continuas en el tiempo cuando el caudal es elevado en los años húmedos. El río ha cambiado, su flora y su fauna nada tiene que ver con la que tenía hace cien años, el cambio se debe a su cambio de latido y a los marcapasos que lo controlan… La sangre del río es mas orina que sangre pues lleva todos los desechos que los humanos le han inyectado a lo largo de su curso y en la parte baja estos tienen su efecto (gran crecimiento de macrófitos, presencia de contaminantes en la sangre y músculo de los peces..): este es el Ebro del siglo XXI.

Si al Ebro no le devolvemos su latido es imposible que se recupere, incluso si llegáramos a quitarle todos los contaminantes que ahora lleva, sin su latido el río nunca se recuperará. Es evidente que el latido original nunca lo volverá a tener, son demasiados los usos que quedarían afectados. Tortosa se inunda a partir de 2500 m3/s. y por lo tanto es deseable que las crecidas no pasen de este límite. Pero si que sería posible es mejorar su ritmo y la intensidad de las crecidas cambiando la forma en que usamos los marcapasos, los embalses de la cuenca se podrían explotar de otra manera y en lugar de maximizar su rendimiento económico para producir electricidad se podría generar prácticamente la misma cantidad de kilovatios cambiando el ritmo diario y programando las avenidas de otra manera.

Esto requiere que todos seamos conscientes de que el río debería tener su propio latido, que los máximos y mínimos del mismo no son un capricho y que el ritmo exige que parte del agua vaya al mar donde el latido del río provoca también la respiración del mar en forma de más vida: las avenidas son el sustento para millones de larvas de peces.

Cuando seamos conscientes de que sin su latido el Ebro no es un río, podremos respetarlo y fijarle unos caudales ambientales adecuados para que el río no se quede en la UVI con su corazón a ritmo constante y mínimo que es lo que ahora quieren casi todos los habitantes de su cuenca excepto los de la parte baja. Todo el mundo pide más agua del Ebro, se demandan más embalses, más regadíos más producción hidroeléctrica, trasvases de los “sobrantes” al mar, al río solo se le quiere dejar el caudal mínimo, su ritmo básico. Centenares de marcapasos en toda la cuenca controlando al río y manteniéndolo en la UVI. ¿Este es el Ebro que queremos?

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